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stmargaretgiddings's podcast

This is a Catholic Sunday Mass homily podcast dedicated to the greater glory of God and the salvation of souls.
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Domingo de Ramos  
"De la pasión del Señor"

Conmemoración de la entrada del Señor en Jerusalén

Procesión de las Palmas 

 

Evangelio

Mc 11, 1-10
Cuando Jesús y los suyos iban de camino a Jerusalén, al llegar a Betfagé y Betania, cerca del monte de los Olivos, les dijo a dos de sus discípulos: "Vayan al pueblo que ven allí enfrente; al entrar, encontrarán amarrado un burro que nadie ha montado todavía. Desátenlo y tráiganmelo. Si alguien les pregunta por qué lo hacen, contéstenle: 'El Señor lo necesita y lo devolverá pronto' ".

Fueron y encontraron al burro en la calle, atado junto a una puerta, y lo desamarraron. Algunos de los que allí estaban les preguntaron: "¿Por qué sueltan al burro?" Ellos les contestaron lo que había dicho Jesús y ya nadie los molestó.

Llevaron el burro, le echaron encima los mantos y Jesús montó en él. Muchos extendían su manto en el camino, y otros lo tapizaban con ramas cortadas en el campo. Los que iban delante de Jesús y los que lo seguían, iban gritando vivas:"¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Bendito el reino que llega, el reino de nuestro padre David! ¡Hosanna en el cielo!"

O bien:

Jn 12, 12-16
En aquel tiempo, al enterarse la gran muchedumbre que había llegado para la fiesta, de que Jesús se dirigía a Jerusalén, cortaron hojas de palmera y salieron a su encuentro, gritando: "¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor, el rey de Israel!"

Habiendo encontrado Jesús un burrito, lo montó, como está escrito: No tengas temor, hija de Sión, mira que tu rey viene a ti montado en un burrito.

Sus discípulos no entendieron estas cosas al principio, pero cuando Jesús fue glorificado, se acordaron de que habían sido escritas acerca de él y que ellos las habían cumplido.


La Misa - Primera Lectura

Is 50, 4-7
"El Señor me ha dado una lengua experta,
para que pueda confortar al abatido
con palabras de aliento.

Mañana tras mañana, el Señor despierta mi oído,
para que escuche yo, como discípulo.
El Señor Dios me ha hecho oír sus palabras
y yo no he opuesto resistencia
ni me he echado para atrás.

Ofrecí la espalda a los que me golpeaban,
la mejilla a los que me tiraban de la barba.
No aparté mi rostro de los insultos y salivazos.

Pero el Señor me ayuda,
por eso no quedaré confundido,
por eso endurecí mi rostro como roca
y sé que no quedaré avergonzado".


Salmo Responsorial

Salmo 21, 8-9. 17-18a. 19-20. 23-24
R. (2a) Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?
Todos los que me ven, de mí se burlan; 
me hacen gestos y dicen:
"Confiaba en el Señor, pues que él lo salve; 
si de veras lo ama, que lo libre".  
R. Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?
Los malvados me cercan por doquiera
como rabiosos perros.
Mis manos y mis pies han taladrado
y se puedan contar todos mis huesos. 
R. Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?
Reparten entre sí mis vestiduras
y se juegan mi túnica a los dados.
Señor, auxilio mío, ven y ayudarme,
no te quedes de mí tan alejado.  
R. Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?
Contaré tu fama a mis hermanos,
en medio de la asamblea te alabaré.
Fieles del Señor, alábenlo;
glorificarlo, linaje de Jacob, 
témelo, estirpe de Israel.  
R. Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado? 

Segunda Lectura

Flp 2, 6-11
Cristo, siendo Dios,
no consideró que debía aferrarse
a las prerrogativas de su condición divina,
sino que, por el contrario, se anonadó a sí mismo,
tomando la condición de siervo,
y se hizo semejante a los hombres.
Así, hecho uno de ellos, se humilló a sí mismo
y por obediencia aceptó incluso la muerte,
y una muerte de cruz.

Por eso Dios lo exaltó sobre todas las cosas
y le otorgó el nombre que está sobre todo nombre,
para que, al nombre de Jesús, todos doblen la rodilla
en el cielo, en la tierra y en los abismos,
y todos reconozcan públicamente que Jesucristo es el Señor,
para gloria de Dios Padre.


Aclamación antes del Evangelio

Flp 2, 8-9
R. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.
Cristo se humilló por nosotros
y por obediencia aceptó incluso la muerte,
y una muerte de cruz.
Por eso Dios lo exaltó sobre todas las cosas
y le otorgó el nombre que está sobre todo nombre.
R. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.

Evangelio

Mc 14, 1–15, 47
Faltaban dos días para la fiesta de Pascua y de los panes Ázimos. Los sumos sacerdotes y los escribas andaban buscando una manera de apresar a Jesús a traición y darle muerte, pero decían: "No durante las fiestas, porque el pueblo podría amotinarse".

Estando Jesús sentado a la mesa, en casa de Simón el leproso, en Betania, llegó una mujer con un frasco de perfume muy caro, de nardo puro; quebró el frasco y derramó el perfume en la cabeza de Jesús. Algunos comentaron indignados: "¿A qué viene este derroche de perfume? Podía haberse vendido por más de trescientos denarios para dárselos a los pobres". Y criticaban a la mujer; pero Jesús replicó: "Déjenla. ¿Por qué la molestan? Lo que ha hecho conmigo está bien, porque a los pobres los tienen siempre con ustedes y pueden socorrerlos cuando quieran; pero a mí no me tendrán siempre. Ella ha hecho lo que podía. Se ha adelantado a embalsamar mi cuerpo para la sepultura. Yo les aseguro que en cualquier parte del mundo donde se predique el Evangelio, se recordará también en su honor lo que ella ha hecho conmigo".

Judas Iscariote, uno de los Doce, se presentó a los sumos sacerdotes para entregarles a Jesús. Al oírlo, se alegraron y le prometieron dinero; y él andaba buscando una buena ocasión para entregarlo.

El primer día de la fiesta de los panes Ázimos, cuando se sacrificaba el cordero pascual, le preguntaron a Jesús sus discípulos: "¿Dónde quieres que vayamos a prepararte la cena de Pascua?" Él les dijo a dos de ellos: "Vayan a la ciudad. Encontrarán a un hombre que lleva un cántaro de agua; síganlo y díganle al dueño de la casa en donde entre: 'El Maestro manda preguntar: ¿Dónde está la habitación en que voy a comer la Pascua con mis discípulos?' Él les enseñará una sala en el segundo piso, arreglada con divanes. Prepárennos allí la cena". Los discípulos se fueron, llegaron a la ciudad, encontraron lo que Jesús les había dicho y prepararon la cena de Pascua.

Al atardecer, llegó Jesús con los Doce. Estando a la mesa, cenando, les dijo: "Yo les aseguro que uno de ustedes, uno que está comiendo conmigo, me va a entregar". Ellos, consternados, empezaron a preguntarle uno tras otro: "¿Soy yo?" Él respondió: "Uno de los Doce; alguien que moja su pan en el mismo plato que yo. El Hijo del hombre va a morir, como está escrito: pero, ¡ay del que va a entregar al Hijo del hombre! ¡Más le valiera no haber nacido!"

Mientras cenaban, Jesús tomó un pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio a sus discípulos, diciendo: "Tomen: esto es mi cuerpo". Y tomando en sus manos una copa de vino, pronunció la acción de gracias, se la dio, todos bebieron y les dijo: "Ésta es mi sangre, sangre de la alianza, que se derrama por todos. Yo les aseguro que no volveré a beber del fruto de la vid hasta el día en que beba el vino nuevo en el Reino de Dios".

Después de cantar el himno, salieron hacia el monte de los Olivos y Jesús les dijo: "Todos ustedes se van a escandalizar por mi causa, como está escrito: Heriré al pastor y se dispersarán las ovejas; pero cuando resucite, iré por delante de ustedes a Galilea". Pedro replicó: "Aunque todos se escandalicen, yo no". Jesús le contestó: "Yo te aseguro que hoy, esta misma noche, antes de que el gallo cante dos veces, tú me negarás tres". Pero él insistía: "Aunque tenga que morir contigo, no te negaré". Y los demás decían lo mismo.

Fueron luego a un huerto, llamado Getsemaní, y Jesús dijo a sus discípulos: "Siéntense aquí mientras hago oración". Se llevó a Pedro, a Santiago y a Juan; empezó a sentir terror y angustia, y les dijo: "Tengo el alma llena de una tristeza mortal. Quédense aquí, velando". Se adelantó un poco, se postró en tierra y pedía que, si era posible, se alejara de él aquella hora. Decía: "Padre, tú lo puedes todo: aparta de mí este cáliz. Pero que no se haga lo que yo quiero, sino lo que tú quieres".

Volvió a donde estaban los discípulos, y al encontrarlos dormidos, dijo a Pedro: "Simón, ¿estás dormido? ¿No has podido velar ni una hora? Velen y oren, para que no caigan en la tentación. El espíritu está pronto, pero la carne es débil". De nuevo se retiró y se puso a orar, repitiendo las mismas palabras. Volvió y otra vez los encontró dormidos, porque tenían los ojos cargados de sueño; por eso no sabían qué contestarle. Él les dijo: "Ya pueden dormir y descansar. ¡Basta! Ha llegado la hora. Miren que el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los pecadores. ¡Levántense! ¡Vamos! Ya está cerca el traidor".

Todavía estaba hablando, cuando se presentó Judas, uno de los Doce, y con él, gente con espadas y palos, enviada por los sacerdotes, los escribas y los ancianos. El traidor les había dado una contraseña, diciéndoles: "Al que yo bese, ése es. Deténganlo y llévenselo bien sujeto". Llegó, se acercó y le dijo: "Maestro". Y lo besó. Ellos le echaron mano y lo apresaron. Pero uno de los presentes desenvainó la espada y de un golpe le cortó la oreja a un criado del sumo sacerdote. Jesús tomó la palabra y les dijo: "¿Salieron ustedes a apresarme con espadas y palos, como si se tratara de un bandido? Todos los días he estado entre ustedes, enseñando en el templo y no me han apresado. Pero así tenía que ser para que se cumplieran las Escrituras". Todos lo abandonaron y huyeron. Lo iba siguiendo un muchacho, envuelto nada más con una sábana y lo detuvieron; pero él soltó la sábana y se les escapó desnudo.

Condujeron a Jesús a casa del sumo sacerdote y se reunieron todos los pontífices, los escribas y los ancianos. Pedro lo fue siguiendo de lejos, hasta el interior del patio del sumo sacerdote y se sentó con los criados, cerca de la lumbre, para calentarse.

Los sumos sacerdotes y el sanedrín en pleno, buscaban una acusación contra Jesús para condenarlo a muerte y no la encontraban. Pues, aunque muchos presentaban falsas acusaciones contra él, los testimonios no concordaban. Hubo unos que se pusieron de pie y dijeron: "Nosotros lo hemos oído decir: 'Yo destruiré este templo, edificado por hombres, y en tres días construiré otro, no edificado por hombres' ". Pero ni aun en esto concordaba su testimonio. Entonces el sumo sacerdote se puso de pie y le preguntó a Jesús: "¿No tienes nada que responder a todas esas acusaciones?" Pero él no le respondió nada. El sumo sacerdote le volvió a preguntar: "¿Eres tú el Mesías, el Hijo de Dios bendito?" Jesús contestó: "Sí lo soy. Y un día verán cómo el Hijo del hombre está sentado a la derecha del Todopoderoso y cómo viene entre las nubes del cielo". El sumo sacerdote se rasgó las vestiduras exclamando: "¿Qué falta hacen ya más testigos? Ustedes mismos han oído la blasfemia. ¿Qué les parece?" Y todos lo declararon reo de muerte. Algunos se pusieron a escupirle, y tapándole la cara, lo abofeteaban y le decían: "Adivina quién fue", y los criados también le daban de bofetadas.

Mientras tanto, Pedro estaba abajo, en el patio. Llegó una criada del sumo sacerdote, y al ver a Pedro calentándose, lo miró fijamente y le dijo: "Tú también andabas con Jesús Nazareno". Él lo negó, diciendo: "Ni sé ni entiendo lo que quieres decir". Salió afuera hacia el zaguán, y un gallo cantó. La criada, al verlo, se puso de nuevo a decir a los presentes: "Ése es uno de ellos". Pero él lo volvió a negar. Al poco rato, también los presentes dijeron a Pedro: "Claro que eres uno de ellos, pues eres galileo". Pero él se puso a echar maldiciones y a jurar: "No conozco a ese hombre del que hablan". En seguida cantó el gallo por segunda vez. Pedro se acordó entonces de las palabras que le había dicho Jesús: 'Antes de que el gallo cante dos veces, tú me habrás negado tres', y rompió a llorar.

Luego que amaneció, se reunieron los sumos sacerdotes con los ancianos, los escribas y el sanedrín en pleno, para deliberar. Ataron a Jesús, se lo llevaron y lo entregaron a Pilato. Éste le preguntó: "¿Eres tú el rey de los judíos?" Él respondió: "Sí lo soy". Los sumos sacerdotes lo acusaban de muchas cosas. Pilato le preguntó de nuevo: "¿No contestas nada? Mira de cuántas cosas te acusan". Jesús ya no le contestó nada, de modo que Pilato estaba muy extrañado.

Durante la fiesta de Pascua, Pilato solía soltarles al preso que ellos pidieran. Estaba entonces en la cárcel un tal Barrabás, con los revoltosos que habían cometido un homicidio en un motín. Vino la gente y empezó a pedir el indulto de costumbre. Pilato les dijo: "¿Quieren que les suelte al rey de los judíos?" Porque sabía que los sumos sacerdotes se lo habían entregado por envidia. Pero los sumos sacerdotes incitaron a la gente para que pidieran la libertad de Barrabás. Pilato les volvió a preguntar: "¿Y qué voy a hacer con el que llaman rey de los judíos?" Ellos gritaron: "¡Crucifícalo!" Pilato les dijo: "Pues ¿qué mal ha hecho?" Ellos gritaron más fuerte: "¡Crucifícalo!" Pilato, queriendo dar gusto a la multitud, les soltó a Barrabás; y a Jesús, después de mandarlo azotar, lo entregó para que lo crucificaran.

Los soldados se lo llevaron al interior del palacio, al pretorio, y reunieron a todo el batallón. Lo vistieron con un manto de color púrpura, le pusieron una corona de espinas que habían trenzado y comenzaron a burlarse de él, dirigiéndole este saludo: "¡Viva el rey de los judíos!" Le golpeaban la cabeza con una caña, le escupían y, doblando las rodillas, se postraban ante él. Terminadas las burlas, le quitaron aquel manto de color púrpura, le pusieron su ropa y lo sacaron para crucificarlo.

Entonces forzaron a cargar la cruz a un individuo que pasaba por ahí de regreso del campo, Simón de Cirene, padre de Alejandro y de Rufo, y llevaron a Jesús al Gólgota (que quiere decir "lugar de la Calavera"). Le ofrecieron vino con mirra, pero él no lo aceptó. Lo crucificaron y se repartieron sus ropas, echando suertes para ver qué le tocaba a cada uno.

Era media mañana cuando lo crucificaron. En el letrero de la acusación estaba escrito: "El rey de los judíos". Crucificaron con él a dos bandidos, uno a su derecha y otro a su izquierda. Así se cumplió la Escritura que dice: Fue contado entre los malhechores.

Los que pasaban por ahí lo injuriaban meneando la cabeza y gritándole: "¡Anda! Tú que destruías el templo y lo reconstruías en tres días, sálvate a ti mismo y baja de la cruz". Los sumos sacerdotes se burlaban también de él y le decían: "Ha salvado a otros, pero a sí mismo no se puede salvar. Que el Mesías, el rey de Israel, baje ahora de la cruz, para que lo veamos y creamos". Hasta los que estaban crucificados con él también lo insultaban.

Al llegar el mediodía, toda aquella tierra se quedó en tinieblas hasta las tres de la tarde. Y a las tres, Jesús gritó con voz potente: "Eloí, Eloí, ¿lemá sabactaní?" (que significa: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?). Algunos de los presentes, al oírlo, decían: "Miren, está llamando a Elías". Uno corrió a empapar una esponja en vinagre, la sujetó a un carrizo y se la acercó para que bebiera, diciendo: "Vamos a ver si viene Elías a bajarlo". Pero Jesús, dando un fuerte grito, expiró.

Aquí todos se arrodillan y guardan silencio por unos instantes.

Entonces el velo del templo se rasgó en dos, de arriba a abajo. El oficial romano que estaba frente a Jesús, al ver cómo había expirado, dijo: "De veras este hombre era Hijo de Dios".

Había también ahí unas mujeres que estaban mirando todo desde lejos; entre ellas, María Magdalena, María (la madre de Santiago el menor y de José) y Salomé, que cuando Jesús estaba en Galilea, lo seguían para atenderlo; y además de ellas, otras muchas que habían venido con él a Jerusalén.

Al anochecer, como era el día de la preparación, víspera del sábado, vino José de Arimatea, miembro distinguido del sanedrín, que también esperaba el Reino de Dios. Se presentó con valor ante Pilato y le pidió el cuerpo de Jesús. Pilato se extrañó de que ya hubiera muerto, y llamando al oficial, le preguntó si hacía mucho tiempo que había muerto. Informado por el oficial, concedió el cadáver a José. Éste compró una sábana, bajó el cadáver, lo envolvió en la sábana y lo puso en un sepulcro excavado en una roca y tapó con una piedra la entrada del sepulcro. María Magdalena y María, la madre de José, se fijaron en dónde lo ponían.

 

O bien:

Mc 15, 1-39
Luego que amaneció, se reunieron los sumos sacerdotes con los ancianos, los escribas y el sanedrín en pleno, para deliberar. Ataron a Jesús, se lo llevaron y lo entregaron a Pilato. Éste le preguntó: "¿Eres tú el rey de los judíos?" Él respondió: "Sí lo soy". Los sumos sacerdotes lo acusaban de muchas cosas. Pilato le preguntó de nuevo: "¿No contestas nada? Mira de cuántas cosas te acusan". Jesús ya no le contestó nada, de modo que Pilato estaba muy extrañado.

Durante la fiesta de Pascua, Pilato solía soltarles al preso que ellos pidieran. Estaba entonces en la cárcel un tal Barrabás, con los revoltosos que habían cometido un homicidio en un motín. Vino la gente y empezó a pedir el indulto de costumbre. Pilato les dijo: "¿Quieren que les suelte al rey de los judíos?" Porque sabía que los sumos sacerdotes se lo habían entregado por envidia. Pero los sumos sacerdotes incitaron a la gente para que pidieran la libertad de Barrabás. Pilato les volvió a preguntar: "¿Y qué voy a hacer con el que llaman rey de los judíos?" Ellos gritaron: "¡Crucifícalo!" Pilato les dijo: "Pues ¿qué mal ha hecho?" Ellos gritaron más fuerte: "¡Crucifícalo!" Pilato, queriendo dar gusto a la multitud, les soltó a Barrabás; y a Jesús, después de mandarlo azotar, lo entregó para que lo crucificaran.

Los soldados se lo llevaron al interior del palacio, al pretorio, y reunieron a todo el batallón. Lo vistieron con un manto de color púrpura, le pusieron una corona de espinas que habían trenzado y comenzaron a burlarse de él, dirigiéndole este saludo: "¡Viva el rey de los judíos!" Le golpeaban la cabeza con una caña, le escupían y, doblando las rodillas, se postraban ante él. Terminadas las burlas, le quitaron aquel manto de color púrpura, le pusieron su ropa y lo sacaron para crucificarlo.

Entonces forzaron a cargar la cruz a un individuo que pasaba por ahí de regreso del campo, Simón de Cirene, padre de Alejandro y de Rufo, y llevaron a Jesús al Gólgota (que quiere decir "lugar de la Calavera"). Le ofrecieron vino con mirra, pero él no lo aceptó. Lo crucificaron y se repartieron sus ropas, echando suertes para ver qué le tocaba a cada uno.

Era media mañana cuando lo crucificaron. En el letrero de la acusación estaba escrito: "El rey de los judíos". Crucificaron con él a dos bandidos, uno a su derecha y otro a su izquierda. Así se cumplió la Escritura que dice: Fue contado entre los malhechores.

Los que pasaban por ahí lo injuriaban meneando la cabeza y gritándole: "¡Anda! Tú que destruías el templo y lo reconstruías en tres días, sálvate a ti mismo y baja de la cruz". Los sumos sacerdotes se burlaban también de él y le decían: "Ha salvado a otros, pero a sí mismo no se puede salvar. Que el Mesías, el rey de Israel, baje ahora de la cruz, para que lo veamos y creamos". Hasta los que estaban crucificados con él también lo insultaban.

Al llegar el mediodía, toda aquella tierra se quedó en tinieblas hasta las tres de la tarde. Y a las tres, Jesús gritó con voz potente: "Eloí, Eloí, ¿lemá sabactaní?" (que significa: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?). Algunos de los presentes, al oírlo, decían: "Miren, está llamando a Elías". Uno corrió a empapar una esponja en vinagre, la sujetó a un carrizo y se la acercó para que bebiera, diciendo: "Vamos a ver si viene Elías a bajarlo". Pero Jesús, dando un fuerte grito, expiró.

Aquí todos se arrodillan y guardan silencio por unos instantes.

Entonces el velo del templo se rasgó en dos, de arriba a abajo. El oficial romano que estaba frente a Jesús, al ver cómo había expirado, dijo: "De veras este hombre era Hijo de Dios".
Mar 25, 2018

Palm Sunday of the Lord's Passion

At The Procession With Palms - GospelMK 11:1-10

When Jesus and his disciples drew near to Jerusalem,
to Bethphage and Bethany at the Mount of Olives, 
he sent two of his disciples and said to them, 
"Go into the village opposite you,
and immediately on entering it, 
you will find a colt tethered on which no one has ever sat.
Untie it and bring it here.
If anyone should say to you,
'Why are you doing this?' reply,
'The Master has need of it
and will send it back here at once.'"
So they went off 
and found a colt tethered at a gate outside on the street, 
and they untied it.
Some of the bystanders said to them, 
"What are you doing, untying the colt?"
They answered them just as Jesus had told them to, 
and they permitted them to do it.
So they brought the colt to Jesus
and put their cloaks over it.
And he sat on it.
Many people spread their cloaks on the road, 
and others spread leafy branches 
that they had cut from the fields.
Those preceding him as well as those following kept crying out:
"Hosanna!
Blessed is he who comes in the name of the Lord!
Blessed is the kingdom of our father David that is to come!
Hosanna in the highest!"

Or JN 12:12-16

When the great crowd that had come to the feast heard 
that Jesus was coming to Jerusalem, 
they took palm branches and went out to meet him, and cried out:
"Hosanna!
"Blessed is he who comes in the name of the Lord,
the king of Israel."
Jesus found an ass and sat upon it, as is written:
Fear no more, O daughter Zion;
see, your king comes, seated upon an ass's colt.
His disciples did not understand this at first, 
but when Jesus had been glorified 
they remembered that these things were written about him 
and that they had done this for him. 

At The Mass – Reading 1 IS 50:4-7

The Lord GOD has given me
a well-trained tongue,
that I might know how to speak to the weary
a word that will rouse them.
Morning after morning
he opens my ear that I may hear;
and I have not rebelled,
have not turned back.
I gave my back to those who beat me,
my cheeks to those who plucked my beard;
my face I did not shield
from buffets and spitting.

The Lord GOD is my help,
therefore I am not disgraced;
I have set my face like flint,
knowing that I shall not be put to shame.

Responsorial Psalm PS 22:8-9, 17-18, 19-20, 23-24.

R. (2a) My God, my God, why have you abandoned me?
All who see me scoff at me;
they mock me with parted lips, they wag their heads:
"He relied on the LORD; let him deliver him,
let him rescue him, if he loves him."
R. My God, my God, why have you abandoned me?
Indeed, many dogs surround me,
a pack of evildoers closes in upon me;
They have pierced my hands and my feet;
I can count all my bones.
R. My God, my God, why have you abandoned me?
They divide my garments among them,
and for my vesture they cast lots.
But you, O LORD, be not far from me;
O my help, hasten to aid me.
R. My God, my God, why have you abandoned me?
I will proclaim your name to my brethren;
in the midst of the assembly I will praise you:
"You who fear the LORD, praise him;
all you descendants of Jacob, give glory to him;
revere him, all you descendants of Israel!"
R. My God, my God, why have you abandoned me?

Reading 2 PHIL 2:6-11

Christ Jesus, though he was in the form of God,
did not regard equality with God
something to be grasped.
Rather, he emptied himself,
taking the form of a slave,
coming in human likeness;
and found human in appearance,
he humbled himself,
becoming obedient to the point of death,
even death on a cross.
Because of this, God greatly exalted him
and bestowed on him the name
which is above every name,
that at the name of Jesus
every knee should bend,
of those in heaven and on earth and under the earth,
and every tongue confess that
Jesus Christ is Lord,
to the glory of God the Father.

Verse Before The GospelPHIL 2:8-9

Christ became obedient to the point of death,
even death on a cross.
Because of this, God greatly exalted him
and bestowed on him the name which is above every name.

Gospel MK 14:1—15:47

The Passover and the Feast of Unleavened Bread 
were to take place in two days' time.
So the chief priests and the scribes were seeking a way 
to arrest him by treachery and put him to death.
They said, "Not during the festival, 
for fear that there may be a riot among the people."

When he was in Bethany reclining at table 
in the house of Simon the leper, 
a woman came with an alabaster jar of perfumed oil,
costly genuine spikenard.
She broke the alabaster jar and poured it on his head.
There were some who were indignant.
"Why has there been this waste of perfumed oil?
It could have been sold for more than three hundred days' wages 
and the money given to the poor."
They were infuriated with her.
Jesus said, "Let her alone.
Why do you make trouble for her?
She has done a good thing for me.
The poor you will always have with you, 
and whenever you wish you can do good to them, 
but you will not always have me.
She has done what she could.
She has anticipated anointing my body for burial.
Amen, I say to you,
wherever the gospel is proclaimed to the whole world,
what she has done will be told in memory of her."

Then Judas Iscariot, one of the Twelve, 
went off to the chief priests to hand him over to them.
When they heard him they were pleased and promised to pay him money.
Then he looked for an opportunity to hand him over.

On the first day of the Feast of Unleavened Bread, 
when they sacrificed the Passover lamb, 
his disciples said to him,
"Where do you want us to go
and prepare for you to eat the Passover?"
He sent two of his disciples and said to them, 
"Go into the city and a man will meet you,
carrying a jar of water.
Follow him.
Wherever he enters, say to the master of the house,
'The Teacher says, "Where is my guest room
where I may eat the Passover with my disciples?"'
Then he will show you a large upper room furnished and ready.
Make the preparations for us there."
The disciples then went off, entered the city, 
and found it just as he had told them; 
and they prepared the Passover.

When it was evening, he came with the Twelve. 
And as they reclined at table and were eating, Jesus said,
"Amen, I say to you, one of you will betray me, 
one who is eating with me."
They began to be distressed and to say to him, one by one,
"Surely it is not I?"
He said to them,
"One of the Twelve, the one who dips with me into the dish.
For the Son of Man indeed goes, as it is written of him,
but woe to that man by whom the Son of Man is betrayed.
It would be better for that man if he had never been born."

While they were eating,
he took bread, said the blessing,
broke it, and gave it to them, and said, 
"Take it; this is my body."
Then he took a cup, gave thanks, and gave it to them, 
and they all drank from it.
He said to them,
"This is my blood of the covenant,
which will be shed for many.
Amen, I say to you,
I shall not drink again the fruit of the vine 
until the day when I drink it new in the kingdom of God."
Then, after singing a hymn,
they went out to the Mount of Olives.

Then Jesus said to them, 
"All of you will have your faith shaken, for it is written:
I will strike the shepherd,
and the sheep will be dispersed.

But after I have been raised up,
I shall go before you to Galilee."
Peter said to him, 
"Even though all should have their faith shaken,
mine will not be."
Then Jesus said to him,
"Amen, I say to you, 
this very night before the cock crows twice
you will deny me three times."
But he vehemently replied, 
"Even though I should have to die with you,
I will not deny you."
And they all spoke similarly.
Then they came to a place named Gethsemane, 
and he said to his disciples,
"Sit here while I pray."
He took with him Peter, James, and John, 
and began to be troubled and distressed.
Then he said to them, "My soul is sorrowful even to death.
Remain here and keep watch."
He advanced a little and fell to the ground and prayed
that if it were possible the hour might pass by him; 
he said, "Abba, Father, all things are possible to you.
Take this cup away from me,
but not what I will but what you will."
When he returned he found them asleep.
He said to Peter, "Simon, are you asleep?
Could you not keep watch for one hour?
Watch and pray that you may not undergo the test.
The spirit is willing but the flesh is weak."
Withdrawing again, he prayed, saying the same thing.
Then he returned once more and found them asleep, 
for they could not keep their eyes open 
and did not know what to answer him.
He returned a third time and said to them, 
"Are you still sleeping and taking your rest?
It is enough. The hour has come.
Behold, the Son of Man is to be handed over to sinners.
Get up, let us go.
See, my betrayer is at hand."

Then, while he was still speaking,
Judas, one of the Twelve, arrived, 
accompanied by a crowd with swords and clubs 
who had come from the chief priests,
the scribes, and the elders.
His betrayer had arranged a signal with them, saying, 
"The man I shall kiss is the one; 
arrest him and lead him away securely."
He came and immediately went over to him and said,
"Rabbi." And he kissed him.
At this they laid hands on him and arrested him.
One of the bystanders drew his sword,
struck the high priest's servant, and cut off his ear.
Jesus said to them in reply,
"Have you come out as against a robber, 
with swords and clubs, to seize me?
Day after day I was with you teaching in the temple area, 
yet you did not arrest me; 
but that the Scriptures may be fulfilled."
And they all left him and fled.
Now a young man followed him
wearing nothing but a linen cloth about his body.
They seized him,
but he left the cloth behind and ran off naked.

They led Jesus away to the high priest,
and all the chief priests and the elders and the scribes came together.
Peter followed him at a distance into the high priest's courtyard 
and was seated with the guards, warming himself at the fire.
The chief priests and the entire Sanhedrin
kept trying to obtain testimony against Jesus 
in order to put him to death, but they found none.
Many gave false witness against him,
but their testimony did not agree.
Some took the stand and testified falsely against him,
alleging, "We heard him say,
'I will destroy this temple made with hands
and within three days I will build another
not made with hands.'"
Even so their testimony did not agree.
The high priest rose before the assembly and questioned Jesus,
saying, "Have you no answer?
What are these men testifying against you?"
But he was silent and answered nothing.
Again the high priest asked him and said to him, 
"Are you the Christ, the son of the Blessed One?"
Then Jesus answered, "I am;
and 'you will see the Son of Man
seated at the right hand of the Power
and coming with the clouds of heaven.'"
At that the high priest tore his garments and said,
"What further need have we of witnesses?
You have heard the blasphemy.
What do you think?"
They all condemned him as deserving to die.
Some began to spit on him.
They blindfolded him and struck him and said to him, "Prophesy!"
And the guards greeted him with blows.

While Peter was below in the courtyard, 
one of the high priest's maids came along.
Seeing Peter warming himself,
she looked intently at him and said,
"You too were with the Nazarene, Jesus."
But he denied it saying,
"I neither know nor understand what you are talking about."
So he went out into the outer court.
Then the cock crowed.
The maid saw him and began again to say to the bystanders,
"This man is one of them."
Once again he denied it.
A little later the bystanders said to Peter once more, 
"Surely you are one of them; for you too are a Galilean."
He began to curse and to swear, 
"I do not know this man about whom you are talking."
And immediately a cock crowed a second time.
Then Peter remembered the word that Jesus had said to him, 
"Before the cock crows twice you will deny me three times."
He broke down and wept.

As soon as morning came, 
the chief priests with the elders and the scribes, 
that is, the whole Sanhedrin held a council.
They bound Jesus, led him away, and handed him over to Pilate.
Pilate questioned him,
"Are you the king of the Jews?"
He said to him in reply, "You say so."
The chief priests accused him of many things.
Again Pilate questioned him,
"Have you no answer?
See how many things they accuse you of."
Jesus gave him no further answer, so that Pilate was amazed.

Now on the occasion of the feast he used to release to them
one prisoner whom they requested.
A man called Barabbas was then in prison 
along with the rebels who had committed murder in a rebellion.
The crowd came forward and began to ask him
to do for them as he was accustomed.
Pilate answered, 
"Do you want me to release to you the king of the Jews?"
For he knew that it was out of envy 
that the chief priests had handed him over.
But the chief priests stirred up the crowd 
to have him release Barabbas for them instead.
Pilate again said to them in reply,
"Then what do you want me to do 
with the man you call the king of the Jews?"
They shouted again, "Crucify him."
Pilate said to them, "Why? What evil has he done?"
They only shouted the louder, "Crucify him."
So Pilate, wishing to satisfy the crowd,
released Barabbas to them and, after he had Jesus scourged,
handed him over to be crucified.

The soldiers led him away inside the palace, 
that is, the praetorium, and assembled the whole cohort.
They clothed him in purple and, 
weaving a crown of thorns, placed it on him.
They began to salute him with, "Hail, King of the Jews!" 
and kept striking his head with a reed and spitting upon him.
They knelt before him in homage.
And when they had mocked him,
they stripped him of the purple cloak,
dressed him in his own clothes,
and led him out to crucify him.

They pressed into service a passer-by, Simon,
a Cyrenian, who was coming in from the country,
the father of Alexander and Rufus,
to carry his cross.

They brought him to the place of Golgotha
— which is translated Place of the Skull —
They gave him wine drugged with myrrh,
but he did not take it.
Then they crucified him and divided his garments 
by casting lots for them to see what each should take.
It was nine o'clock in the morning when they crucified him.
The inscription of the charge against him read,
"The King of the Jews."
With him they crucified two revolutionaries, 
one on his right and one on his left.
Those passing by reviled him,
shaking their heads and saying,
"Aha! You who would destroy the temple
and rebuild it in three days,
save yourself by coming down from the cross."
Likewise the chief priests, with the scribes, 
mocked him among themselves and said, 
"He saved others; he cannot save himself.
Let the Christ, the King of Israel,
come down now from the cross
that we may see and believe."
Those who were crucified with him also kept abusing him.

At noon darkness came over the whole land
until three in the afternoon.
And at three o'clock Jesus cried out in a loud voice, 
"Eloi, Eloi, lema sabachthani?"
which is translated,
"My God, my God, why have you forsaken me?"
Some of the bystanders who heard it said, 
"Look, he is calling Elijah."
One of them ran, soaked a sponge with wine, put it on a reed 
and gave it to him to drink saying, 
"Wait, let us see if Elijah comes to take him down."
Jesus gave a loud cry and breathed his last.

Here all kneel and pause for a short time.

The veil of the sanctuary was torn in two from top to bottom.
When the centurion who stood facing him
saw how he breathed his last he said, 
"Truly this man was the Son of God!"
There were also women looking on from a distance.
Among them were Mary Magdalene, 
Mary the mother of the younger James and of Joses, and Salome.
These women had followed him when he was in Galilee
and ministered to him.
There were also many other women
who had come up with him to Jerusalem.

When it was already evening,
since it was the day of preparation,
the day before the sabbath, Joseph of Arimathea,
a distinguished member of the council,
who was himself awaiting the kingdom of God,
came and courageously went to Pilate
and asked for the body of Jesus.
Pilate was amazed that he was already dead.
He summoned the centurion
and asked him if Jesus had already died.
And when he learned of it from the centurion, 
he gave the body to Joseph.
Having bought a linen cloth, he took him down,
wrapped him in the linen cloth,
and laid him in a tomb that had been hewn out of the rock.
Then he rolled a stone against the entrance to the tomb.
Mary Magdalene and Mary the mother of Joses
watched where he was laid.

Or MK 15:1-39

As soon as morning came, 
the chief priests with the elders and the scribes, 
that is, the whole Sanhedrin held a council.
They bound Jesus, led him away, and handed him over to Pilate.
Pilate questioned him,
"Are you the king of the Jews?"
He said to him in reply, "You say so."
The chief priests accused him of many things.
Again Pilate questioned him,
"Have you no answer?
See how many things they accuse you of."
Jesus gave him no further answer, so that Pilate was amazed.

Now on the occasion of the feast he used to release to them
one prisoner whom they requested.
A man called Barabbas was then in prison 
along with the rebels who had committed murder in a rebellion.
The crowd came forward and began to ask him
to do for them as he was accustomed.
Pilate answered, 
"Do you want me to release to you the king of the Jews?"
For he knew that it was out of envy 
that the chief priests had handed him over.
But the chief priests stirred up the crowd 
to have him release Barabbas for them instead.
Pilate again said to them in reply,
"Then what do you want me to do 
with the man you call the king of the Jews?"
They shouted again, "Crucify him."
Pilate said to them, "Why? What evil has he done?"
They only shouted the louder, "Crucify him."
So Pilate, wishing to satisfy the crowd,
released Barabbas to them and, after he had Jesus scourged,
handed him over to be crucified.

The soldiers led him away inside the palace, 
that is, the praetorium, and assembled the whole cohort.
They clothed him in purple and, 
weaving a crown of thorns, placed it on him.
They began to salute him with, "Hail, King of the Jews!" 
and kept striking his head with a reed and spitting upon him.
They knelt before him in homage.
And when they had mocked him,
they stripped him of the purple cloak,
dressed him in his own clothes,
and led him out to crucify him.

They pressed into service a passer-by, Simon,
a Cyrenian, who was coming in from the country,
the father of Alexander and Rufus,
to carry his cross.

They brought him to the place of Golgotha
—which is translated Place of the Skull —
They gave him wine drugged with myrrh,
but he did not take it.
Then they crucified him and divided his garments 
by casting lots for them to see what each should take.
It was nine o'clock in the morning when they crucified him.
The inscription of the charge against him read,
"The King of the Jews."
With him they crucified two revolutionaries, 
one on his right and one on his left.
Those passing by reviled him,
shaking their heads and saying,
"Aha! You who would destroy the temple
and rebuild it in three days,
save yourself by coming down from the cross."
Likewise the chief priests, with the scribes, 
mocked him among themselves and said, 
"He saved others; he cannot save himself.
Let the Christ, the King of Israel,
come down now from the cross
that we may see and believe."
Those who were crucified with him also kept abusing him.

At noon darkness came over the whole land
until three in the afternoon.
And at three o'clock Jesus cried out in a loud voice, 
"Eloi, Eloi, lema sabachthani?"
which is translated,
"My God, my God, why have you forsaken me?"
Some of the bystanders who heard it said, 
"Look, he is calling Elijah."
One of them ran, soaked a sponge with wine, put it on a reed 
and gave it to him to drink saying, 
"Wait, let us see if Elijah comes to take him down."
Jesus gave a loud cry and breathed his last.

Here all kneel and pause for a short time.

The veil of the sanctuary was torn in two from top to bottom.
When the centurion who stood facing him
saw how he breathed his last he said, 
"Truly this man was the Son of God!"
Mar 18, 2018

V Domingo de Cuaresma
Leccionario: 35

Primera lectura 

Jer 31, 31-34
"Se acerca el tiempo, dice el Señor,
en que haré con la casa de Israel
y la casa de Judá una alianza nueva.
No será como la alianza que hice con los padres de ustedes,
cuando los tomé de la mano para sacarlos de Egipto.
Ellos rompieron mi alianza
y yo tuve que hacer un escarmiento con ellos.

Ésta será la alianza nueva
que voy a hacer con la casa de Israel:
Voy a poner mi ley en lo más profundo de su mente
y voy a grabarla en sus corazones.

Yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo.
Ya nadie tendrá que instruir a su prójimo ni a su hermano,
diciéndole: 'Conoce al Señor',
porque todos me van a conocer,
desde el más pequeño hasta el mayor de todos,
cuando yo les perdone sus culpas
y olvide para siempre sus pecados".


Salmo Responsorial

Salmo 50, 3-4. 12-13. 14-15
R. (12a) Crea en mí, Señor, un corazón puro.
Por tu inmensa compasión y misericordia,
Señor, apiádate de mí y olvida mis ofensas.
Lávame bien de todos mis delitos, 
y purifícame de mis pecados. 
R. Crea en mí, Señor, un corazón puro.
Crea en mí, Señor, un corazón puro,
un espíritu nuevo para cumplir tus mandamientos.
No me arrojes, Señor, lejos de ti,
ni retires de mí ti santo espíritu. 
R. Crea en mí, Señor, un corazón puro.
Devuélveme tu salvación, que regocija
y mantén en mí un alma generosa.
Enseñaré a los descarriados tus caminos,
y volverán a ti los pecadores.  
R. Crea en mí, Señor, un corazón puro.

 

Segunda Lectura

Heb 5,  7-9
Hermanos: Durante su vida mortal, Cristo ofreció oraciones y súplicas, con fuertes voces y lágrimas, a aquel que podía librarlo de la muerte, y fue escuchado por su piedad. A pesar de que era el Hijo, aprendió a obedecer padeciendo, y llegado a su perfección, se convirtió en la causa de la salvación eterna para todos los que lo obedecen.
 


Aclamación antes del Evangelio

Jn 12, 26
R. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.
El que quiera servirme, que me siga,
para que donde yo esté,
también esté mi servidor.
R. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.


Evangelio

Jn 12, 20-33
Entre los que habían llegado a Jerusalén para adorar a Dios en la fiesta de Pascua, había algunos griegos, los cuales se acercaron a Felipe, el de Betsaida de Galilea, y le pidieron: "Señor, quisiéramos ver a Jesús".

Felipe fue a decírselo a Andrés; Andrés y Felipe se lo dijeron a Jesús y él les respondió: "Ha llegado la hora de que el Hijo del hombre sea glorificado. Yo les aseguro que si el grano de trigo, sembrado en la tierra, no muere, queda infecundo; pero si muere, producirá mucho fruto. El que se ama a sí mismo, se pierde; el que se aborrece a sí mismo en este mundo, se asegura para la vida eterna.

El que quiera servirme, que me siga, para que donde yo esté, también esté mi servidor. El que me sirve será honrado por mi Padre.

Ahora que tengo miedo, ¿le voy a decir a mi Padre: 'Padre, líbrame de esta hora'? No, pues precisamente para esta hora he venido. Padre, dale gloria a tu nombre". Se oyó entonces una voz que decía: "Lo he glorificado y volveré a glorificarlo".

De entre los que estaban ahí presentes y oyeron aquella voz, unos decían que había sido un trueno; otros, que le había hablado un ángel. Pero Jesús les dijo: "Esa voz no ha venido por mí, sino por ustedes. Está llegando el juicio de este mundo; ya va a ser arrojado el príncipe de este mundo. Cuando yo sea levantado de la tierra, atraeré a todos hacia mí". Dijo esto, indicando de qué manera habría de morir.
Mar 18, 2018

Fifth Sunday of Lent

Reading 1 JER 31:31-34

The days are coming, says the LORD, 
when I will make a new covenant with the house of Israel 
and the house of Judah.
It will not be like the covenant I made with their fathers
the day I took them by the hand 
to lead them forth from the land of Egypt; 
for they broke my covenant, 
and I had to show myself their master, says the LORD.
But this is the covenant that I will make 
with the house of Israel after those days, says the LORD.
I will place my law within them and write it upon their hearts; 
I will be their God, and they shall be my people.
No longer will they have need to teach their friends and relatives
how to know the LORD.
All, from least to greatest, shall know me, says the LORD, 
for I will forgive their evildoing and remember their sin no more.

Responsorial PsalmPS 51:3-4, 12-13, 14-15.

R. (12a) Create a clean heart in me, O God.
Have mercy on me, O God, in your goodness;
in the greatness of your compassion wipe out my offense.
Thoroughly wash me from my guilt
and of my sin cleanse me.
R. Create a clean heart in me, O God.
A clean heart create for me, O God,
and a steadfast spirit renew within me.
Cast me not out from your presence,
and your Holy Spirit take not from me.
R. Create a clean heart in me, O God.
Give me back the joy of your salvation,
and a willing spirit sustain in me.
I will teach transgressors your ways,
and sinners shall return to you.
R. Create a clean heart in me, O God.

Reading 2HEB 5:7-9

In the days when Christ Jesus was in the flesh, 
he offered prayers and supplications with loud cries and tears 
to the one who was able to save him from death, 
and he was heard because of his reverence.
Son though he was, he learned obedience from what he suffered; 
and when he was made perfect, 
he became the source of eternal salvation for all who obey him.

Verse Before The GospelJN 12:26

Whoever serves me must follow me, says the Lord;
and where I am, there also will my servant be.

GospelJN 12:20-33

Some Greeks who had come to worship at the Passover Feast
came to Philip, who was from Bethsaida in Galilee, 
and asked him, "Sir, we would like to see Jesus."
Philip went and told Andrew; 
then Andrew and Philip went and told Jesus.
Jesus answered them, 
"The hour has come for the Son of Man to be glorified.
Amen, amen, I say to you, 
unless a grain of wheat falls to the ground and dies, 
it remains just a grain of wheat; 
but if it dies, it produces much fruit.
Whoever loves his life loses it,
and whoever hates his life in this world
will preserve it for eternal life.
Whoever serves me must follow me, 
and where I am, there also will my servant be.
The Father will honor whoever serves me.

"I am troubled now. Yet what should I say?
'Father, save me from this hour'?
But it was for this purpose that I came to this hour.
Father, glorify your name."
Then a voice came from heaven, 
"I have glorified it and will glorify it again."
The crowd there heard it and said it was thunder; 
but others said, "An angel has spoken to him."
Jesus answered and said, 
"This voice did not come for my sake but for yours.
Now is the time of judgment on this world; 
now the ruler of this world will be driven out.
And when I am lifted up from the earth, 
I will draw everyone to myself."
He said this indicating the kind of death he would die.
Mar 11, 2018

IV Domingo de Cuaresma

Primera lectura 

2 Cr 36, 14-16. 19-23
En aquellos días, todos los sumos sacerdotes y el pueblo multiplicaron sus infidelidades, practicando todas las abominables costumbres de los paganos, y mancharon la casa del Señor, que él se había consagrado en Jerusalén. El Señor, Dios de sus padres, los exhortó continuamente por medio de sus mensajeros, porque sentía compasión de su pueblo y quería preservar su santuario. Pero ellos se burlaron de los mensajeros de Dios, despreciaron sus advertencias y se mofaron de sus profetas, hasta que la ira del Señor contra su pueblo llegó a tal grado, que ya no hubo remedio.

Envió entonces contra ellos al rey de los caldeos. Incendiaron la casa de Dios y derribaron las murallas de Jerusalén, pegaron fuego a todos los palacios y destruyeron todos sus objetos preciosos. A los que escaparon de la espada, los llevaron cautivos a Babilonia, donde fueron esclavos del rey y de sus hijos, hasta que el reino pasó al dominio de los persas, para que se cumpliera lo que dijo Dios por boca del profeta Jeremías: Hasta que el país haya pagado sus sábados perdidos, descansará de la desolación, hasta que se cumplan setenta años.

En el año primero de Ciro, rey de Persia, en cumplimiento de las palabras que habló el Señor por boca de Jeremías, el Señor inspiró a Ciro, rey de los persas, el cual mandó proclamar de palabra y por escrito en todo su reino, lo siguiente: "Así habla Ciro, rey de Persia: El Señor, Dios de los cielos, me ha dado todos los reinos de la tierra y me ha mandado que le edifique una casa en Jerusalén de Judá. En consecuencia, todo aquel que pertenezca a este pueblo, que parta hacia allá, y que su Dios lo acompañe".


Salmo Responsorial

Salmo 136, 1-2. 3. 4-5. 6
R. (6a) Te recuerdo, Señor, es mi alegría. 
Junto a los ríos de Babilonia nos sentábamos
a llorar de nostalgia;
de los sauces que esteban en la orilla
colgamos nuestras arpas.  
R. Te recuerdo, Señor, es mi alegría.
Aquello que cautivos nos tenían
pidieron que cantáramos. 
Decían los opresores:
"Algún cantar de Sión, alegres, cántennos". 
R. Te recuerdo, Señor, es mi alegría.
Pero, ¿cómo podríamos cantar 
un himno al Señor en tierra extraña?
¡Que la mano derecha se me seque,
si de ti, Jerusaén, yo me olvidara!  
R. Te recuerdo, Señor, es mi alegría.
¡Que se me pegue al paladar la lengua
Jerusalén, si no te recordara,
o si, fuera de ti,
alguna otra alegría yo buscara!  
R. Te recuerdo, Señor, es mi alegría.

 

Segunda Lectura

Ef 2, 4-10
Hermanos: La misericordia y el amor de Dios son muy grandes; porque nosotros estábamos muertos por nuestros pecados, y él nos dio la vida con Cristo y en Cristo. Por pura generosidad suya, hemos sido salvados. Con Cristo y en Cristo nos ha resucitado y con él nos ha reservado un sitio en el cielo. Así, en todos los tiempos, Dios muestra, por medio de Jesús, la incomparable riqueza de su gracia y de su bondad para con nosotros.

En efecto, ustedes han sido salvados por la gracia, mediante la fe; y esto no se debe a ustedes mismos, sino que es un don de Dios. Tampoco se debe a las obras, para que nadie pueda presumir, porque somos hechura de Dios, creados por medio de Cristo Jesús, para hacer el bien que Dios ha dispuesto que hagamos.


Aclamación antes del Evangelio

Jn 3, 16
R. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.
Tanto amó Dios al mundo, que le entregó a su Hijo único,
para que todo el que crea en él tenga vida eterna.
R. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.


Evangelio

Jn 3, 14-21
En aquel tiempo, Jesús dijo a Nicodemo: "Así como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así tiene que ser levantado el Hijo del hombre, para que todo el que crea en él tenga vida eterna.

Porque tanto amó Dios al mundo, que le entregó a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salvara por él. El que cree en él no será condenado; pero el que no cree ya está condenado, por no haber creído en el Hijo único de Dios.

La causa de la condenación es ésta: habiendo venido la luz al mundo, los hombres prefirieron las tinieblas a la luz, porque sus obras eran malas. Todo aquel que hace el mal, aborrece la luz y no se acerca a ella, para que sus obras no se descubran. En cambio, el que obra el bien conforme a la verdad, se acerca a la luz, para que se vea que sus obras están hechas según Dios''.


Mar 11, 2018
Fourth Sunday of Lent

Reading 1 2 CHR 36:14-16, 19-23

In those days, all the princes of Judah, the priests, and the people 
added infidelity to infidelity, 
practicing all the abominations of the nations 
and polluting the LORD’s temple 
which he had consecrated in Jerusalem.

Early and often did the LORD, the God of their fathers, 
send his messengers to them, 
for he had compassion on his people and his dwelling place.
But they mocked the messengers of God, 
despised his warnings, and scoffed at his prophets, 
until the anger of the LORD against his people was so inflamed 
that there was no remedy.
Their enemies burnt the house of God,
tore down the walls of Jerusalem, 
set all its palaces afire, 
and destroyed all its precious objects.
Those who escaped the sword were carried captive to Babylon, 
where they became servants of the king of the Chaldeans and his sons
until the kingdom of the Persians came to power.
All this was to fulfill the word of the LORD spoken by Jeremiah: 
“Until the land has retrieved its lost sabbaths, 
during all the time it lies waste it shall have rest 
while seventy years are fulfilled.”

In the first year of Cyrus, king of Persia, 
in order to fulfill the word of the LORD spoken by Jeremiah, 
the LORD inspired King Cyrus of Persia 
to issue this proclamation throughout his kingdom, 
both by word of mouth and in writing: 
“Thus says Cyrus, king of Persia: 
All the kingdoms of the earth
the LORD, the God of heaven, has given to me, 
and he has also charged me to build him a house 
in Jerusalem, which is in Judah.
Whoever, therefore, among you belongs to any part of his people, 
let him go up, and may his God be with him!”

Responsorial Psalm  PS 137:1-2, 3, 4-5, 6.

R. (6ab) Let my tongue be silenced, if I ever forget you!
By the streams of Babylon
we sat and wept
when we remembered Zion.
On the aspens of that land
we hung up our harps.
R. Let my tongue be silenced, if I ever forget you!
For there our captors asked of us
the lyrics of our songs,
And our despoilers urged us to be joyous:
“Sing for us the songs of Zion!”
R. Let my tongue be silenced, if I ever forget you!
How could we sing a song of the LORD
in a foreign land?
If I forget you, Jerusalem,
may my right hand be forgotten!
R. Let my tongue be silenced, if I ever forget you!
May my tongue cleave to my palate
if I remember you not,
If I place not Jerusalem
ahead of my joy.
R. Let my tongue be silenced, if I ever forget you!

Reading 2 EPH 2:4-10

Brothers and sisters:
God, who is rich in mercy, 
because of the great love he had for us, 
even when we were dead in our transgressions, 
brought us to life with Christ — by grace you have been saved —, 
raised us up with him, 
and seated us with him in the heavens in Christ Jesus, 
that in the ages to come 
He might show the immeasurable riches of his grace 
in his kindness to us in Christ Jesus.
For by grace you have been saved through faith, 
and this is not from you; it is the gift of God; 
it is not from works, so no one may boast.
For we are his handiwork, created in Christ Jesus for the good works 
that God has prepared in advance,
that we should live in them.

Verse Before The Gospel JN 3:16

God so loved the world that he gave his only Son,
so everyone who believes in him might have eternal life.

GospelJN 3:14-21

Jesus said to Nicodemus:
“Just as Moses lifted up the serpent in the desert, 
so must the Son of Man be lifted up, 
so that everyone who believes in him may have eternal life.”

For God so loved the world that he gave his only Son, 
so that everyone who believes in him might not perish 
but might have eternal life.
For God did not send his Son into the world to condemn the world, 
but that the world might be saved through him.
Whoever believes in him will not be condemned, 
but whoever does not believe has already been condemned, 
because he has not believed in the name of the only Son of God.
And this is the verdict,
that the light came into the world, 
but people preferred darkness to light,
because their works were evil.
For everyone who does wicked things hates the light
and does not come toward the light, 
so that his works might not be exposed.
But whoever lives the truth comes to the light, 
so that his works may be clearly seen as done in God.
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