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stmargaretgiddings's podcast

This is a Catholic Sunday Mass homily podcast dedicated to the greater glory of God and the salvation of souls.
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Apr 28, 2019

II Domingo de Pascua

Primera lectura 

Hch 5, 12-16
En aquellos días, los apóstoles realizaban muchas señales milagrosas y prodigios en medio del pueblo. Todos los creyentes solían reunirse, por común acuerdo, en el pórtico de Salomón. Los demás no se atrevían a juntárseles, aunque la gente los tenía en gran estima.

El número de hombres y mujeres que creían en el Señor iba creciendo de día en día, hasta el punto de que tenían que sacar en literas y camillas a los enfermos y ponerlos en las plazas, para que, cuando Pedro pasara, al menos su sombra cayera sobre alguno de ellos.

Mucha gente de los alrededores acudía a Jerusalén y llevaba a los enfermos y a los atormentados por espíritus malignos, y todos quedaban curados.


Salmo Responsorial

Salmo 117, 2-4. 22-24. 25-27a
R. (1) La misericordia del Señor es eterna. Aleluya.
Diga la casa de Israel: "Su misericordia es eterna".
Diga la casa de Aarón: "Su misericordia es eterna".
Digan los que temen al Señor: "Su misericordia es eterna". 
R. La misericordia del Señor es eterna. Aleluya.
La piedra que desecharon los constructores,
es ahora la piedra angular.
Esto es obra de la mano del Señor,
es un milagro patente.
Este es el día de triunfo del Señor:
día de júbilo y de gozo. 
R. La misericordia del Señor es eterna. Aleluya.
Libéranos, Señor, y danos tu victoria.
Bendito el que viene en nombre del Señor.
Que Dios desde su templo nos bendiga.
Que el Señor, nuestro Dios, nos ilumine.
R. La misericordia del Señor es eterna. Aleluya.


Segunda Lectura

Apoc 1, 9-11a. 12-13. 17-19
Yo, Juan, hermano y compañero de ustedes en la tribulación, en el Reino y en la perseverancia en Jesús, estaba desterrado en la isla de Patmos, por haber predicado la palabra de Dios y haber dado testimonio de Jesús.

Un domingo caí en éxtasis y oí a mis espaldas una voz potente, como de trompeta, que decía: "Escribe en un libro lo que veas y envíalo a las siete comunidades cristianas de Asia". Me volví para ver quién me hablaba, y al volverme, vi siete lámparas de oro, y en medio de ellas, un hombre vestido de larga túnica, ceñida a la altura del pecho, con una franja de oro.

Al contemplarlo, caí a sus pies como muerto; pero él, poniendo sobre mí la mano derecha, me dijo: "No temas. Yo soy el primero y el último; yo soy el que vive. Estuve muerto y ahora, como ves, estoy vivo por los siglos de los siglos. Yo tengo las llaves de la muerte y del más allá. Escribe lo que has visto, tanto sobre las cosas que están sucediendo, como sobre las que sucederán después".

Aclamación antes del Evangelio

Jn 20, 29
R. Aleluya, aleluya.
Tomás, tú crees porque me has visto;
dichosos los que creen sin haberme visto, dice el Señor.
R. Aleluya.


Evangelio

Jn 20, 19-31
Al anochecer del día de la resurrección, estando cerradas las puertas de la casa donde se hallaban los discípulos, por miedo a los judíos, se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: "La paz esté con ustedes". Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Cuando los discípulos vieron al Señor, se llenaron de alegría.

De nuevo les dijo Jesús: "La paz esté con ustedes. Como el Padre me ha enviado, así también los envío yo". Después de decir esto, sopló sobre ellos y les dijo: "Reciban el Espíritu Santo. A los que les perdonen los pecados, les quedarán perdonados; y a los que no se los perdonen, les quedarán sin perdonar".

Tomás, uno de los Doce, a quien llamaban el Gemelo, no estaba con ellos cuando vino Jesús, y los otros discípulos le decían: "Hemos visto al Señor". Pero él les contestó: "Si no veo en sus manos la señal de los clavos y si no meto mi dedo en los agujeros de los clavos y no meto mi mano en su costado, no creeré".

Ocho días después, estaban reunidos los discípulos a puerta cerrada y Tomás estaba con ellos. Jesús se presentó de nuevo en medio de ellos y les dijo: "La paz esté con ustedes". Luego le dijo a Tomás: "Aquí están mis manos; acerca tu dedo. Trae acá tu mano, métela en mi costado y no sigas dudando, sino cree". Tomás le respondió: "¡Señor mío y Dios mío!" Jesús añadió: "Tú crees porque me has visto; dichosos los que creen sin haber visto".

Otras muchas señales hizo Jesús en presencia de sus discípulos, pero no están escritos en este libro. Se escribieron éstos para que ustedes crean que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengan vida en su nombre.
Apr 28, 2019

Second Sunday of Easter
(Or Sunday of Divine Mercy)

Reading 1ACTS 5:12-16

Many signs and wonders were done among the people
at the hands of the apostles.
They were all together in Solomon's portico.
None of the others dared to join them, but the people esteemed them.
Yet more than ever, believers in the Lord,
great numbers of men and women, were added to them.
Thus they even carried the sick out into the streets
and laid them on cots and mats
so that when Peter came by,
at least his shadow might fall on one or another of them.
A large number of people from the towns
in the vicinity of Jerusalem also gathered,
bringing the sick and those disturbed by unclean spirits,
and they were all cured.

Responsorial PsalmPS 118:2-4, 13-15, 22-2

R. (1) Give thanks to the Lord for he is good, his love is everlasting.
or:
R. Alleluia.
Let the house of Israel say,
"His mercy endures forever."
Let the house of Aaron say,
"His mercy endures forever."
Let those who fear the LORD say,
"His mercy endures forever."
R. Give thanks to the Lord for he is good, his love is everlasting.
or:
R. Alleluia.
I was hard pressed and was falling,
but the LORD helped me.
My strength and my courage is the LORD,
and he has been my savior.
The joyful shout of victory
in the tents of the just:
R. Give thanks to the Lord for he is good, his love is everlasting.
or:
R. Alleluia.
The stone which the builders rejected
has become the cornerstone.
By the LORD has this been done;
it is wonderful in our eyes.
This is the day the LORD has made;
let us be glad and rejoice in it.
R. Give thanks to the Lord for he is good, his love is everlasting.
or:
R. Alleluia.

Reading 2REV 1:9-11A, 12-13, 17-19

I, John, your brother, who share with you 
the distress, the kingdom, and the endurance we have in Jesus,
found myself on the island called Patmos
because I proclaimed God's word and gave testimony to Jesus.
I was caught up in spirit on the Lord's day
and heard behind me a voice as loud as a trumpet, which said,
"Write on a scroll what you see."
Then I turned to see whose voice it was that spoke to me,
and when I turned, I saw seven gold lampstands
and in the midst of the lampstands one like a son of man,
wearing an ankle-length robe, with a gold sash around his chest.

When I caught sight of him, I fell down at his feet as though dead.
He touched me with his right hand and said, "Do not be afraid.
I am the first and the last, the one who lives.
Once I was dead, but now I am alive forever and ever.
I hold the keys to death and the netherworld.
Write down, therefore, what you have seen,
and what is happening, and what will happen afterwards."

AlleluiaJN 20:29

R. Alleluia, alleluia.
You believe in me, Thomas, because you have seen me, says the Lord;
blessed are those who have not seen me, but still believe!
R. Alleluia, alleluia.

GospelJN 20:19-31

On the evening of that first day of the week,
when the doors were locked, where the disciples were,
for fear of the Jews,
Jesus came and stood in their midst
and said to them, "Peace be with you."
When he had said this, he showed them his hands and his side.
The disciples rejoiced when they saw the Lord.
Jesus said to them again, "Peace be with you.
As the Father has sent me, so I send you."
And when he had said this, he breathed on them and said to them,
"Receive the Holy Spirit.
Whose sins you forgive are forgiven them,
and whose sins you retain are retained."

Thomas, called Didymus, one of the Twelve,
was not with them when Jesus came.
So the other disciples said to him, "We have seen the Lord."
But he said to them,
"Unless I see the mark of the nails in his hands
and put my finger into the nailmarks
and put my hand into his side, I will not believe."

Now a week later his disciples were again inside
and Thomas was with them.
Jesus came, although the doors were locked,
and stood in their midst and said, "Peace be with you."
Then he said to Thomas, "Put your finger here and see my hands,
and bring your hand and put it into my side,
and do not be unbelieving, but believe."
Thomas answered and said to him, "My Lord and my God!"
Jesus said to him, "Have you come to believe because you have seen me?
Blessed are those who have not seen and have believed."

Now Jesus did many other signs in the presence of his disciples
that are not written in this book.
But these are written that you may come to believe
that Jesus is the Christ, the Son of God,
and that through this belief you may have life in his name.
Apr 21, 2019

Domingo de Pascua
La Resurrección del Señor
Misa del día
Leccionario: 42

Primera lectura 

Hch 10, 34a. 37-43
En aquellos días, Pedro tomó la palabra y dijo: "Ya saben ustedes lo sucedido en toda Judea, que tuvo principio en Galilea, después del bautismo predicado por Juan: cómo Dios ungió con el poder del Espíritu Santo a Jesús de Nazaret, y cómo éste pasó haciendo el bien, sanando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él.

Nosotros somos testigos de cuanto él hizo en Judea y en Jerusalén. Lo mataron colgándolo de la cruz, pero Dios lo resucitó al tercer día y concedió verlo, no a todo el pueblo, sino únicamente a los testigos que él, de antemano, había escogido: a nosotros, que hemos comido y bebido con él después de que resucitó de entre los muertos.

Él nos mandó predicar al pueblo y dar testimonio de que Dios lo ha constituido juez de vivos y muertos. El testimonio de los profetas es unánime: que cuantos creen en él reciben, por su medio, el perdón de los pecados''.


Salmo Responsorial

Salmo 117, 1-2. 16ab-17. 22-23
R. (24) Éste es el día del triunfo del Señor. Aleluya.
Te damos gracias, Señor, porque eres bueno,
porque tu misericordia es eterna.
Diga la casa de Israel:
"Su misericordia es eterna". 
R. Éste es el día del triunfo del Señor. Aleluya.
La diestra del Señor es poderosa,
la diestra del Señor es nuestro orgullo.
No moriré, continuaré viviendo
para contar lo que el Señor ha hecho. 
R. Éste es el día del triunfo del Señor. Aleluya.
La piedra que desecharon los constructores
es ahora la piedra angular.
Esto es obra de la mano del Señor,
es un milagro patente. 
R. Éste es el día del triunfo del Señor. Aleluya.

Segunda Lectura

Col 3, 1-4
Hermanos: Puesto que han resucitado con Cristo, busquen los bienes de arriba, donde está Cristo, sentado a la derecha de Dios. Pongan todo el corazón en los bienes del cielo, no en los de la tierra, porque han muerto y su vida está escondida con Cristo en Dios. Cuando se manifieste Cristo, vida de ustedes, entonces también ustedes se manifestarán gloriosos, juntamente con él.

O bien:

1 Cor 5, 6b-8
Hermanos: ¿No saben ustedes que un poco de levadura hace fermentar toda la masa? Tiren la antigua levadura, para que sean ustedes una masa nueva, ya que son pan sin levadura, pues Cristo, nuestro cordero pascual, ha sido inmolado.

Celebremos, pues, la fiesta de la Pascua, no con la antigua levadura, que es de vicio y maldad, sino con el pan sin levadura, que es de sinceridad y verdad.

SECUENCIA

Ofrezcan los cristianos
ofrendas de alabanza
a gloria de la Víctima
propicia de la Pascua.

Cordero sin pecado,
que a las ovejas salva,
a Dios y a los culpables
unió con nueva alianza.

Lucharon vida y muerte
en singular batalla,
y, muerto el que es la vida,
triunfante se levanta.

"¿Qué has visto de camino,
María, en la mañana?''
"A mi Señor glorioso,
la tumba abandonada,

los ángeles testigos,
sudarios y mortaja.
¡Resucitó de veras
mi amor y mi esperanza!

Vengan a Galilea,
allí el Señor aguarda;
allí verán los suyos
la gloria de la Pascua''.

Primicia de los muertos,
sabemos por tu gracia
que estás resucitado;
la muerte en ti no manda.

Rey vencedor, apiádate
de la miseria humana
y da a tus fieles parte
en tu victoria santa.


Aclamación antes del Evangelio

1 Cor 5, 7b-8a
R. Aleluya, aleluya.
Cristo, nuestro cordero pascual, ha sido inmolado;
celebremos, pues, la Pascua.
R. Aleluya.


Evangelio

Jn 20, 1-9
El primer día después del sábado, estando todavía oscuro, fue María Magdalena al sepulcro y vio removida la piedra que lo cerraba. Echó a correr, llegó a la casa donde estaban Simón Pedro y el otro discípulo, a quien Jesús amaba, y les dijo: "Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo habrán puesto".

Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. Los dos iban corriendo juntos, pero el otro discípulo corrió más aprisa que Pedro y llegó primero al sepulcro, e inclinándose, miró los lienzos puestos en el suelo, pero no entró.

En eso llegó también Simón Pedro, que lo venía siguiendo, y entró en el sepulcro. Contempló los lienzos puestos en el suelo y el sudario, que había estado sobre la cabeza de Jesús, puesto no con los lienzos en el suelo, sino doblado en sitio aparte. Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro, y vio y creyó, porque hasta entonces no habían entendido las Escrituras, según las cuales Jesús debía resucitar de entre los muertos.
Apr 21, 2019

Easter Sunday
The Resurrection of the Lord 

The Mass of Easter Day

Reading 1ACTS 10:34A, 37-43

Peter proceeded to speak and said:
"You know what has happened all over Judea, 
beginning in Galilee after the baptism
that John preached, 
how God anointed Jesus of Nazareth
with the Holy Spirit and power.
He went about doing good
and healing all those oppressed by the devil, 
for God was with him.
We are witnesses of all that he did
both in the country of the Jews and in Jerusalem.
They put him to death by hanging him on a tree.
This man God raised on the third day and granted that he be visible,
not to all the people, but to us,
the witnesses chosen by God in advance,
who ate and drank with him after he rose from the dead.
He commissioned us to preach to the people
and testify that he is the one appointed by God
as judge of the living and the dead.
To him all the prophets bear witness,
that everyone who believes in him
will receive forgiveness of sins through his name."

Responsorial PsalmPS 118:1-2, 16-17, 22-23.

R. (24) This is the day the Lord has made; let us rejoice and be glad.
or:
R. Alleluia.
Give thanks to the LORD, for he is good,
for his mercy endures forever.
Let the house of Israel say,
“His mercy endures forever.”
R. This is the day the Lord has made; let us rejoice and be glad.
or: 
R. Alleluia.
“The right hand of the LORD has struck with power;
the right hand of the LORD is exalted.
I shall not die, but live,
and declare the works of the LORD.”
R. This is the day the Lord has made; let us rejoice and be glad.
or:
R. Alleluia.
The stone which the builders rejected
has become the cornerstone.
By the LORD has this been done;
it is wonderful in our eyes.
R. This is the day the Lord has made; let us rejoice and be glad.
or:
R. Alleluia.

Reading 2COL 3:1-4

Brothers and sisters:
If then you were raised with Christ, seek what is above, 
where Christ is seated at the right hand of God.
Think of what is above, not of what is on earth.
For you have died, and your life is hidden with Christ in God.
When Christ your life appears,
then you too will appear with him in glory.

OrI COR 5:6B-8

Brothers and sisters:
Do you not know that a little yeast leavens all the dough?
Clear out the old yeast,
so that you may become a fresh batch of dough, 
inasmuch as you are unleavened.
For our paschal lamb, Christ, has been sacrificed.
Therefore, let us celebrate the feast, 
not with the old yeast, the yeast of malice and wickedness, 
but with the unleavened bread of sincerity and truth.

Sequence Victimae Paschali Laudes

Christians, to the Paschal Victim
    Offer your thankful praises!
A Lamb the sheep redeems;
    Christ, who only is sinless,
    Reconciles sinners to the Father.
Death and life have contended in that combat stupendous:
    The Prince of life, who died, reigns immortal.
Speak, Mary, declaring
    What you saw, wayfaring.
“The tomb of Christ, who is living,
    The glory of Jesus’ resurrection;
bright angels attesting,
    The shroud and napkin resting.
Yes, Christ my hope is arisen;
    to Galilee he goes before you.”
Christ indeed from death is risen, our new life obtaining.
    Have mercy, victor King, ever reigning!
    Amen. Alleluia.

AlleluiaCF. 1 COR 5:7B-8A

R. Alleluia, alleluia.
Christ, our paschal lamb, has been sacrificed;
let us then feast with joy in the Lord.
R. Alleluia, alleluia.

Gospel JN 20:1-9

On the first day of the week,
Mary of Magdala came to the tomb early in the morning,
while it was still dark, 
and saw the stone removed from the tomb.
So she ran and went to Simon Peter 
and to the other disciple whom Jesus loved, and told them, 
“They have taken the Lord from the tomb, 
and we don’t know where they put him.”
So Peter and the other disciple went out and came to the tomb.
They both ran, but the other disciple ran faster than Peter 
and arrived at the tomb first; 
he bent down and saw the burial cloths there, but did not go in.
When Simon Peter arrived after him, 
he went into the tomb and saw the burial cloths there, 
and the cloth that had covered his head, 
not with the burial cloths but rolled up in a separate place.
Then the other disciple also went in, 
the one who had arrived at the tomb first, 
and he saw and believed.
For they did not yet understand the Scripture 
that he had to rise from the dead.
Apr 14, 2019

Domingo de Ramos
"De la pasión del Señor"
Leccionario: 37/38

Conmemoración de la entrada del Señor en Jerusalén
Procesión de las Palmas
37

Evangelio

Lc 19, 28-40
En aquel tiempo, Jesús, acompañado de sus discípulos, iba camino de Jerusalén, y al acercarse a Betfagé y a Betania, junto al monte llamado de los Olivos, envió a dos de sus discípulos, diciéndoles: "Vayan al caserío que está frente a ustedes. Al entrar, encontrarán atado un burrito que nadie ha montado todavía. Desátenlo y tráiganlo aquí. Si alguien les pregunta por qué lo desatan, díganle: 'El Señor lo necesita' ".

Fueron y encontraron todo como el Señor les había dicho. Mientras desataban el burro, los dueños les preguntaron: "¿Por qué lo desamarran?" Ellos contestaron: "El Señor lo necesita". Se llevaron, pues, el burro, le echaron encima los mantos e hicieron que Jesús montara en él.

Conforme iba avanzando, la gente tapizaba el camino con sus mantos, y cuando ya estaba cerca la bajada del monte de los Olivos, la multitud de discípulos, entusiasmados, se pusieron a alabar a Dios a gritos por todos los prodigios que habían visto, diciendo:

"¡Bendito el rey
que viene en nombre del Señor!

¡Paz en el cielo
y gloria en las alturas!"

Algunos fariseos que iban entre la gente, le dijeron: "Maestro, reprende a tus discípulos". Él les replicó: "Les aseguro que si ellos se callan, gritarán las piedras".  

La Misa

Primera Lectura

Is 50, 4-7

"El Señor me ha dado una lengua experta,
para que pueda confortar al abatido
con palabras de aliento.

Mañana tras mañana, el Señor despierta mi oído,
para que escuche yo, como discípulo.
El Señor Dios me ha hecho oír sus palabras
y yo no he opuesto resistencia
ni me he echado para atrás.

Ofrecí la espalda a los que me golpeaban,
la mejilla a los que me tiraban de la barba.
No aparté mi rostro de los insultos y salivazos.

Pero el Señor me ayuda,
por eso no quedaré confundido,
por eso endurecí mi rostro como roca
y sé que no quedaré avergonzado".


Salmo Responsorial

Salmo 21, 8-9. 17-18a. 19-20. 23-24
R. (2a) Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?
Todos los que me ven, de mí se burlan; 
me hacen gestos y dicen:
"Confiaba en el Señor, pues que él lo salve; 
si de veras lo ama, que lo libre". 
R. Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?
Los malvados me cercan por doquiera
como rabiosos perros.
Mis manos y mis pies han taladrado
y se puedan contar todos mis huesos. 
R. Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?
Reparten entre sí mis vestiduras
y se juegan mi túnica a los dados.
Señor, auxilio mío, ven y ayudarme,
no te quedes de mí tan alejado. 
R. Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?
Contaré tu fama a mis hermanos,
en medio de la asamblea te alabaré.
Fieles del Señor, alábenlo;
glorificarlo, linaje de Jacob, 
témelo, estirpe de Israel. 
R. Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado? 

Segunda Lectura

Flp 2, 6-11

Cristo, siendo Dios,
no consideró que debía aferrarse
a las prerrogativas de su condición divina,
sino que, por el contrario, se anonadó a sí mismo,
tomando la condición de siervo,
y se hizo semejante a los hombres.
Así, hecho uno de ellos, se humilló a sí mismo
y por obediencia aceptó incluso la muerte,
y una muerte de cruz.

Por eso Dios lo exaltó sobre todas las cosas
y le otorgó el nombre que está sobre todo nombre,
para que, al nombre de Jesús, todos doblen la rodilla
en el cielo, en la tierra y en los abismos,
y todos reconozcan públicamente que Jesucristo es el Señor,
para gloria de Dios Padre.


Aclamación antes del Evangelio

Flp 2, 8-9
R. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.
Cristo se humilló por nosotros
y por obediencia aceptó incluso la muerte,
y una muerte de cruz.
Por eso Dios lo exaltó sobre todas las cosas
y le otorgó el nombre que está sobre todo nombre.
R. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.


Evangelio

Lc 22, 14–23, 56
Llegada la hora de cenar, se sentó Jesús con sus discípulos y les dijo: "Cuánto he deseado celebrar esta Pascua con ustedes, antes de padecer, porque yo les aseguro que ya no la volveré a celebrar, hasta que tenga cabal cumplimiento en el Reino de Dios". Luego tomó en sus manos una copa de vino, pronunció la acción de gracias y dijo: "Tomen esto y repártanlo entre ustedes, porque les aseguro que ya no volveré a beber del fruto de la vid hasta que venga el Reino de Dios".

Tomando después un pan, pronunció la acción de gracias, lo partió y se lo dio, diciendo: "Esto es mi cuerpo, que se entrega por ustedes. Hagan esto en memoria mía". Después de cenar, hizo lo mismo con una copa de vino, diciendo: "Esta copa es la nueva alianza, sellada con mi sangre, que se derrama por ustedes".

"Pero miren: la mano del que me va a entregar está conmigo en la mesa. Porque el Hijo del hombre va a morir, según lo decretado; pero ¡ay de aquel hombre por quien será entregado!" Ellos empezaron a preguntarse unos a otros quién de ellos podía ser el que lo iba a traicionar.

Después los discípulos se pusieron a discutir sobre cuál de ellos debería ser considerado como el más importante. Jesús les dijo: "Los reyes de los paganos los dominan, y los que ejercen la autoridad se hacen llamar bienhechores. Pero ustedes no hagan eso, sino todo lo contrario: que el mayor entre ustedes actúe como si fuera el menor, y el que gobierna, como si fuera un servidor. Porque, ¿quién vale más, el que está a la mesa o el que sirve? ¿Verdad que es el que está a la mesa? Pues yo estoy en medio de ustedes como el que sirve. Ustedes han perseverado conmigo en mis pruebas, y yo les voy a dar el Reino, como mi Padre me lo dio a mí, para que coman y beban a mi mesa en el Reino, y se siente cada uno en un trono, para juzgar a las doce tribus de Israel".

Luego añadió: "Simón, Simón, mira que Satanás ha pedido permiso para zarandearlos como trigo; pero yo he orado por ti, para que tu fe no desfallezca; y tú, una vez convertido, confirma a tus hermanos". Él le contestó: "Señor, estoy dispuesto a ir contigo incluso a la cárcel y a la muerte". Jesús le replicó: "Te digo, Pedro, que hoy, antes de que cante el gallo, habrás negado tres veces que me conoces".

Después les dijo a todos ellos: "Cuando los envié sin provisiones, sin dinero ni sandalias, ¿acaso les faltó algo?" Ellos contestaron: "Nada". Él añadió: "Ahora, en cambio, el que tenga dinero o provisiones, que los tome; y el que no tenga espada, que venda su manto y compre una. Les aseguro que conviene que se cumpla esto que está escrito de mí: Fue contado entre los malhechores, porque se acerca el cumplimiento de todo lo que se refiere a mí". Ellos le dijeron: "Señor, aquí hay dos espadas". Él les contestó: "¡Basta ya!"

Salió Jesús, como de costumbre, al monte de los Olivos y lo acompañaron los discípulos. Al llegar a ese sitio, les dijo: "Oren, para no caer en la tentación". Luego se alejó de ellos a la distancia de un tiro de piedra y se puso a orar de rodillas, diciendo: "Padre, si quieres, aparta de mí esta amarga prueba; pero que no se haga mi voluntad, sino la tuya". Se le apareció entonces un ángel para confortarlo; él, en su angustia mortal, oraba con mayor insistencia, y comenzó a sudar gruesas gotas de sangre, que caían hasta el suelo. Por fin terminó su oración, se levantó, fue hacia sus discípulos y los encontró dormidos por la pena. Entonces les dijo: "¿Por qué están dormidos? Levántense y oren para no caer en la tentación".

Todavía estaba hablando, cuando llegó una turba encabezada por Judas, uno de los Doce, quien se acercó a Jesús para besarlo. Jesús le dijo: "Judas, ¿con un beso entregas al Hijo del hombre?"

Al darse cuenta de lo que iba a suceder, los que estaban con él dijeron: "Señor, ¿los atacamos con la espada?" Y uno de ellos hirió a un criado del sumo sacerdote y le cortó la oreja derecha. Jesús intervino, diciendo: "¡Dejen! ¡Basta!" Le tocó la oreja y lo curó.

Después Jesús dijo a los sumos sacerdotes, a los encargados del templo y a los ancianos que habían venido a arrestarlo: "Han venido a aprehenderme con espadas y palos, como si fuera un bandido. Todos los días he estado con ustedes en el templo y no me echaron mano. Pero ésta es su hora y la del poder de las tinieblas".

Ellos lo arrestaron, se lo llevaron y lo hicieron entrar en la casa del sumo sacerdote. Pedro los seguía desde lejos. Encendieron fuego en medio del patio, se sentaron alrededor y Pedro se sentó también con ellos. Al verlo sentado junto a la lumbre, una criada se le quedó mirando y dijo: "Éste también estaba con él". Pero él lo negó diciendo: "No lo conozco, mujer". Poco después lo vio otro y le dijo: "Tú también eres uno de ellos". Pedro replicó: "¡Hombre, no lo soy!" Y como después de una hora, otro insistió: "Sin duda que éste también estaba con él, porque es galileo". Pedro contestó: "¡Hombre, no sé de qué hablas!" Todavía estaba hablando, cuando cantó un gallo.

El Señor, volviéndose, miró a Pedro. Pedro se acordó entonces de las palabras que el Señor le había dicho: 'Antes de que cante el gallo, me negarás tres veces', y saliendo de allí se soltó a llorar amargamente.

Los hombres que sujetaban a Jesús se burlaban de él, le daban golpes, le tapaban la cara y le preguntaban: "¿Adivina quién te ha pegado?" Y proferían contra él muchos insultos.

Al amanecer se reunió el consejo de los ancianos con los sumos sacerdotes y los escribas. Hicieron comparecer a Jesús ante el sanedrín y le dijeron: "Si tú eres el Mesías, dínoslo". Él les contestó: "Si se lo digo, no lo van a creer, y si les pregunto, no me van a responder. Pero ya desde ahora, el Hijo del hombre está sentado a la derecha de Dios todopoderoso". Dijeron todos: "Entonces, ¿tú eres el Hijo de Dios?" Él les contestó: "Ustedes mismos lo han dicho: sí lo soy". Entonces ellos dijeron: "¿Qué necesidad tenemos ya de testigos? Nosotros mismo lo hemos oído de su boca". El consejo de los ancianos, con los sumos sacerdotes y los escribas, se levantaron y llevaron a Jesús ante Pilato.

Entonces comenzaron a acusarlo, diciendo: "Hemos comprobado que éste anda amotinando a nuestra nación y oponiéndose a que se pague tributo al César y diciendo que él es el Mesías rey".

Pilato preguntó a Jesús: "¿Eres tú el rey de los judíos?" Él le contestó: "Tú lo has dicho". Pilato dijo a los sumos sacerdotes y a la turba: "No encuentro ninguna culpa en este hombre". Ellos insistían con más fuerza, diciendo: "Solivianta al pueblo enseñando por toda Judea, desde Galilea hasta aquí". Al oír esto, Pilato preguntó si era galileo, y al enterarse de que era de la jurisdicción de Herodes, se lo remitió, ya que Herodes estaba en Jerusalén precisamente por aquellos días.

Herodes, al ver a Jesús, se puso muy contento, porque hacía mucho tiempo que quería verlo, pues había oído hablar mucho de él y esperaba presenciar algún milagro suyo. Le hizo muchas preguntas, pero él no le contestó ni una palabra. Estaban ahí los sumos sacerdotes y los escribas, acusándolo sin cesar. Entonces Herodes, con su escolta, lo trató con desprecio y se burló de él, y le mandó poner una vestidura blanca. Después se lo remitió a Pilato. Aquel mismo día se hicieron amigos Herodes y Pilato, porque antes eran enemigos.

Pilato convocó a los sumos sacerdotes, a las autoridades y al pueblo, y les dijo: "Me han traído a este hombre, alegando que alborota al pueblo; pero yo lo he interrogado delante de ustedes y no he encontrado en él ninguna de las culpas de que lo acusan. Tampoco Herodes, porque me lo ha enviado de nuevo. Ya ven que ningún delito digno de muerte se ha probado. Así pues, le aplicaré un escarmiento y lo soltaré".

Con ocasión de la fiesta, Pilato tenía que dejarles libre a un preso. Ellos vociferaron en masa, diciendo: "¡Quita a ése! ¡Suéltanos a Barrabás!" A éste lo habían metido en la cárcel por una revuelta acaecida en la ciudad y un homicidio.

Pilato volvió a dirigirles la palabra, con la intención de poner en libertad a Jesús; pero ellos seguían gritando: "¡Crucifícalo, crucifícalo!" Él les dijo por tercera vez: "¿Pues qué ha hecho de malo? No he encontrado en él ningún delito que merezca la muerte; de modo que le aplicaré un escarmiento y lo soltaré". Pero ellos insistían, pidiendo a gritos que lo crucificara. Como iba creciendo el griterío, Pilato decidió que se cumpliera su petición; soltó al que le pedían, al que había sido encarcelado por revuelta y homicidio, y a Jesús se lo entregó a su arbitrio.

Mientras lo llevaban a crucificar, echaron mano a un cierto Simón de Cirene, que volvía del campo, y lo obligaron a cargar la cruz, detrás de Jesús. Lo iba siguiendo una gran multitud de hombres y mujeres, que se golpeaban el pecho y lloraban por él. Jesús se volvió hacia las mujeres y les dijo: "Hijas de Jerusalén, no lloren por mí; lloren por ustedes y por sus hijos, porque van a venir días en que se dirá: '¡Dichosas las estériles y los vientres que no han dado a luz y los pechos que no han criado!' Entonces dirán a los montes: 'Desplómense sobre nosotros', y a las colinas: 'Sepúltennos', porque si así tratan al árbol verde, ¿qué pasará con el seco?"

Conducían, además, a dos malhechores, para ajusticiarlos con él. Cuando llegaron al lugar llamado "la Calavera", lo crucificaron allí, a él y a los malhechores, uno a su derecha y el otro a su izquierda. Jesús decía desde la cruz: "Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen". Los soldados se repartieron sus ropas, echando suertes.

El pueblo estaba mirando. Las autoridades le hacían muecas, diciendo: "A otros ha salvado; que se salve a sí mismo, si él es el Mesías de Dios, el elegido". También los soldados se burlaban de Jesús, y acercándose a él, le ofrecían vinagre y le decían: "Si tú eres el rey de los judíos, sálvate a ti mismo". Había, en efecto, sobre la cruz, un letrero en griego, latín y hebreo, que decía: "Éste es el rey de los judíos".

Uno de los malhechores crucificados insultaba a Jesús, diciéndole: "Si tú eres el Mesías, sálvate a ti mismo y a nosotros". Pero el otro le reclamaba, indignado: "¿Ni siquiera temes tú a Dios estando en el mismo suplicio? Nosotros justamente recibimos el pago de lo que hicimos. Pero éste ningún mal ha hecho". Y le decía a Jesús: "Señor, cuando llegues a tu Reino, acuérdate de mí". Jesús le respondió: "Yo te aseguro que hoy estarás conmigo en el paraíso".

Era casi el mediodía, cuando las tinieblas invadieron toda la región y se oscureció el sol hasta las tres de la tarde. El velo del templo se rasgó a la mitad. Jesús, clamando con voz potente, dijo: "¡Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu!" Y dicho esto, expiró.

Aquí se arrodillan todos y se hace una breve pausa.

El oficial romano, al ver lo que pasaba, dio gloria a Dios, diciendo: "Verdaderamente este hombre era justo". Toda la muchedumbre que había acudido a este espectáculo, mirando lo que ocurría, se volvió a su casa dándose golpes de pecho. Los conocidos de Jesús se mantenían a distancia, lo mismo que las mujeres que lo habían seguido desde Galilea, y permanecían mirando todo aquello.

Un hombre llamado José, consejero del sanedrín, hombre bueno y justo, que no había estado de acuerdo con la decisión de los judíos ni con sus actos, que era natural de Arimatea, ciudad de Judea, y que aguardaba el Reino de Dios, se presentó ante Pilato para pedirle el cuerpo de Jesús. Lo bajó de la cruz, lo envolvió en una sábana y lo colocó en un sepulcro excavado en la roca, donde no habían puesto a nadie todavía. Era el día de la Pascua y ya iba a empezar el sábado. Las mujeres que habían seguido a Jesús desde Galilea acompañaron a José para ver el sepulcro y cómo colocaban el cuerpo. Al regresar a su casa, prepararon perfumes y ungüentos, y el sábado guardaron reposo, conforme al mandamiento.

O bien:

Lc 23, 1-49

En aquel tiempo, el consejo de los ancianos, con los sumos sacerdotes y los escribas, se levantaron y llevaron a Jesús ante Pilato. Entonces comenzaron a acusarlo, diciendo: "Hemos comprobado que éste anda amotinando a nuestra nación y oponiéndose a que se pague tributo al César y diciendo que él es el Mesías rey".

Pilato preguntó a Jesús: "¿Eres tú el rey de los judíos?" Él le contestó: "Tú lo has dicho". Pilato dijo a los sumos sacerdotes y a la turba: "No encuentro ninguna culpa en este hombre". Ellos insistían con más fuerza, diciendo: "Solivianta al pueblo enseñando por toda Judea, desde Galilea hasta aquí". Al oír esto, Pilato preguntó si era galileo, y al enterarse de que era de la jurisdicción de Herodes, se lo remitió, ya que Herodes estaba en Jerusalén precisamente por aquellos días.

Herodes, al ver a Jesús, se puso muy contento, porque hacía mucho tiempo que quería verlo, pues había oído hablar mucho de él y esperaba presenciar algún milagro suyo. Le hizo muchas preguntas, pero él no le contestó ni una palabra. Estaban ahí los sumos sacerdotes y los escribas, acusándolo sin cesar. Entonces Herodes, con su escolta, lo trató con desprecio y se burló de él, y le mandó poner una vestidura blanca. Después se lo remitió a Pilato. Aquel mismo día se hicieron amigos Herodes y Pilato, porque antes eran enemigos.

Pilato convocó a los sumos sacerdotes, a las autoridades y al pueblo, y les dijo: "Me han traído a este hombre, alegando que alborota al pueblo; pero yo lo he interrogado delante de ustedes y no he encontrado en él ninguna de las culpas de que lo acusan. Tampoco Herodes, porque me lo ha enviado de nuevo. Ya ven que ningún delito digno de muerte se ha probado. Así pues, le aplicaré un escarmiento y lo soltaré".

Con ocasión de la fiesta, Pilato tenía que dejarles libre a un preso. Ellos vociferaron en masa, diciendo: "¡Quita a ése! ¡Suéltanos a Barrabás!" A éste lo habían metido en la cárcel por una revuelta acaecida en la ciudad y un homicidio.

Pilato volvió a dirigirles la palabra, con la intención de poner en libertad a Jesús; pero ellos seguían gritando: "¡Crucifícalo, crucifícalo!" Él les dijo por tercera vez: "¿Pues qué ha hecho de malo? No he encontrado en él ningún delito que merezca la muerte; de modo que le aplicaré un escarmiento y lo soltaré". Pero ellos insistían, pidiendo a gritos que lo crucificara. Como iba creciendo el griterío, Pilato decidió que se cumpliera su petición; soltó al que le pedían, al que había sido encarcelado por revuelta y homicidio, y a Jesús se lo entregó a su arbitrio.

Mientras lo llevaban a crucificar, echaron mano a un cierto Simón de Cirene, que volvía del campo, y lo obligaron a cargar la cruz, detrás de Jesús. Lo iba siguiendo una gran multitud de hombres y mujeres, que se golpeaban el pecho y lloraban por él. Jesús se volvió hacia las mujeres y les dijo: "Hijas de Jerusalén, no lloren por mí; lloren por ustedes y por sus hijos, porque van a venir días en que se dirá: '¡Dichosas las estériles y los vientres que no han dado a luz y los pechos que no han criado!' Entonces dirán a los montes: 'Desplómense sobre nosotros', y a las colinas: 'Sepúltennos', porque si así tratan al árbol verde, ¿qué pasará con el seco?"

Conducían, además, a dos malhechores, para ajusticiarlos con él. Cuando llegaron al lugar llamado "la Calavera", lo crucificaron allí, a él y a los malhechores, uno a su derecha y el otro a su izquierda. Jesús decía desde la cruz: "Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen". Los soldados se repartieron sus ropas, echando suertes.

El pueblo estaba mirando. Las autoridades le hacían muecas, diciendo: "A otros ha salvado; que se salve a sí mismo, si él es el Mesías de Dios, el elegido". También los soldados se burlaban de Jesús, y acercándose a él, le ofrecían vinagre y le decían: "Si tú eres el rey de los judíos, sálvate a ti mismo". Había, en efecto, sobre la cruz, un letrero en griego, latín y hebreo, que decía: "Éste es el rey de los judíos".

Uno de los malhechores crucificados insultaba a Jesús, diciéndole: "Si tú eres el Mesías, sálvate a ti mismo y a nosotros". Pero el otro le reclamaba indignado: "¿Ni siquiera temes tú a Dios estando en el mismo suplicio? Nosotros justamente recibimos el pago de lo que hicimos. Pero éste ningún mal ha hecho". Y le decía a Jesús: "Señor, cuando llegues a tu Reino, acuérdate de mí". Jesús le respondió: "Yo te aseguro que hoy estarás conmigo en el paraíso".

Era casi el mediodía, cuando las tinieblas invadieron toda la región y se oscureció el sol hasta las tres de la tarde. El velo del templo se rasgó a la mitad. Jesús, clamando con voz potente, dijo: "¡Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu!" Y dicho esto, expiró.

Aquí se arrodillan todos y se hace una breve pausa.

El oficial romano, al ver lo que pasaba, dio gloria a Dios, diciendo: "Verdaderamente este hombre era justo". Toda la muchedumbre que había acudido a este espectáculo, mirando lo que ocurría, se volvió a su casa dándose golpes de pecho. Los conocidos de Jesús se mantenían a distancia, lo mismo que las mujeres que lo habían seguido desde Galilea, y permanecían mirando todo aquello.

Apr 14, 2019

Palm Sunday of the Lord's Passion
Lectionary: 37/38

At The Procession With Palms - GospelLK 19:28-40

Jesus proceeded on his journey up to Jerusalem.
As he drew near to Bethphage and Bethany 
at the place called the Mount of Olives, 
he sent two of his disciples.
He said, "Go into the village opposite you, 
and as you enter it you will find a colt tethered 
on which no one has ever sat.
Untie it and bring it here.
And if anyone should ask you,
'Why are you untying it?' 
you will answer,
'The Master has need of it.'"
So those who had been sent went off 
and found everything just as he had told them.
And as they were untying the colt, its owners said to them, 
"Why are you untying this colt?"
They answered,
"The Master has need of it."
So they brought it to Jesus,
threw their cloaks over the colt, 
and helped Jesus to mount.
As he rode along,
the people were spreading their cloaks on the road; 
and now as he was approaching the slope of the Mount of Olives, 
the whole multitude of his disciples
began to praise God aloud with joy
for all the mighty deeds they had seen.
They proclaimed:
"Blessed is the king who comes
in the name of the Lord.
Peace in heaven
and glory in the highest."
Some of the Pharisees in the crowd said to him,
"Teacher, rebuke your disciples."
He said in reply,
"I tell you, if they keep silent,
the stones will cry out!"

At The Mass – Reading IIS 50:4-7

The Lord GOD has given me
a well-trained tongue,
that I might know how to speak to the weary
a word that will rouse them.
Morning after morning
he opens my ear that I may hear;
and I have not rebelled,
have not turned back.
I gave my back to those who beat me,
my cheeks to those who plucked my beard;
my face I did not shield
from buffets and spitting.

The Lord GOD is my help,
therefore I am not disgraced;
I have set my face like flint,
knowing that I shall not be put to shame.

Responsorial PsalmPS 22:8-9, 17-18, 19-20, 23-24.

R. (2a)  My God, my God, why have you abandoned me?
All who see me scoff at me;
they mock me with parted lips, they wag their heads:
"He relied on the LORD; let him deliver him,
let him rescue him, if he loves him."
R. My God, my God, why have you abandoned me?
Indeed, many dogs surround me,
a pack of evildoers closes in upon me;
They have pierced my hands and my feet;
I can count all my bones.
R. My God, my God, why have you abandoned me?
They divide my garments among them,
and for my vesture they cast lots.
But you, O LORD, be not far from me;
O my help, hasten to aid me.
R. My God, my God, why have you abandoned me?
I will proclaim your name to my brethren;
in the midst of the assembly I will praise you:
"You who fear the LORD, praise him;
all you descendants of Jacob, give glory to him;
 revere him, all you descendants of Israel!"
R. My God, my God, why have you abandoned me?

Reading 2PHIL 2:6-11

Christ Jesus, though he was in the form of God,
did not regard equality with God
something to be grasped.
Rather, he emptied himself,
taking the form of a slave,
coming in human likeness;
and found human in appearance,
he humbled himself,
becoming obedient to the point of death,
even death on a cross.
Because of this, God greatly exalted him
and bestowed on him the name
which is above every name,
that at the name of Jesus
every knee should bend,
of those in heaven and on earth and under the earth,
and every tongue confess that
Jesus Christ is Lord,
to the glory of God the Father.

Verse Before The GospelPHIL 2:8-9

Christ became obedient to the point of death,
even death on a cross.
because of this, God greatly exalted him
and bestowed on him the name which is above every name.

GospelLK 22:14—23:56

When the hour came,
Jesus took his place at table with the apostles.
He said to them, 
"I have eagerly desired to eat this Passover with you before I suffer,
for, I tell you, I shall not eat it again 
until there is fulfillment in the kingdom of God."
Then he took a cup, gave thanks, and said, 
"Take this and share it among yourselves; 
for I tell you that from this time on 
I shall not drink of the fruit of the vine 
until the kingdom of God comes."
Then he took the bread, said the blessing,
broke it, and gave it to them, saying, 
"This is my body, which will be given for you; 
do this in memory of me."
And likewise the cup after they had eaten, saying, 
"This cup is the new covenant in my blood,
which will be shed for you.

"And yet behold, the hand of the one who is to betray me
is with me on the table; 
for the Son of Man indeed goes as it has been determined;
but woe to that man by whom he is betrayed."
And they began to debate among themselves 
who among them would do such a deed.

Then an argument broke out among them
about which of them should be regarded as the greatest.
He said to them,
"The kings of the Gentiles lord it over them 
and those in authority over them are addressed as 'Benefactors'; 
but among you it shall not be so.
Rather, let the greatest among you be as the youngest, 
and the leader as the servant.
For who is greater: 
the one seated at table or the one who serves?
Is it not the one seated at table?
I am among you as the one who serves.
It is you who have stood by me in my trials;
and I confer a kingdom on you, 
just as my Father has conferred one on me, 
that you may eat and drink at my table in my kingdom; 
and you will sit on thrones
judging the twelve tribes of Israel.

"Simon, Simon, behold Satan has demanded
to sift all of you like wheat,
but I have prayed that your own faith may not fail; 
and once you have turned back,
you must strengthen your brothers."
He said to him,
"Lord, I am prepared to go to prison and to die with you."
But he replied,
"I tell you, Peter, before the cock crows this day,
you will deny three times that you know me."

He said to them,
"When I sent you forth without a money bag or a sack or sandals,
were you in need of anything?"
"No, nothing, " they replied.
He said to them,
"But now one who has a money bag should take it,
and likewise a sack, 
and one who does not have a sword
should sell his cloak and buy one.
For I tell you that this Scripture must be fulfilled in me,
namely, He was counted among the wicked;
and indeed what is written about me is coming to fulfillment."
Then they said,
"Lord, look, there are two swords here."
But he replied, "It is enough!"

Then going out, he went, as was his custom, to the Mount of Olives,
and the disciples followed him.
When he arrived at the place he said to them, 
"Pray that you may not undergo the test."
After withdrawing about a stone's throw from them and kneeling,
he prayed, saying, "Father, if you are willing, 
take this cup away from me; 
still, not my will but yours be done."
And to strengthen him an angel from heaven appeared to him.
He was in such agony and he prayed so fervently 
that his sweat became like drops of blood
falling on the ground.
When he rose from prayer and returned to his disciples, 
he found them sleeping from grief.
He said to them, "Why are you sleeping?
Get up and pray that you may not undergo the test."

While he was still speaking, a crowd approached 
and in front was one of the Twelve, a man named Judas.
He went up to Jesus to kiss him.
Jesus said to him, 
"Judas, are you betraying the Son of Man with a kiss?"
His disciples realized what was about to happen, and they asked, 
"Lord, shall we strike with a sword?"
And one of them struck the high priest's servant
and cut off his right ear.
But Jesus said in reply,
"Stop, no more of this!"
Then he touched the servant's ear and healed him.
And Jesus said to the chief priests and temple guards 
and elders who had come for him, 
"Have you come out as against a robber, with swords and clubs?
Day after day I was with you in the temple area,
and you did not seize me;
but this is your hour, the time for the power of darkness."

After arresting him they led him away 
and took him into the house of the high priest; 
Peter was following at a distance.
They lit a fire in the middle of the courtyard and sat around it,
and Peter sat down with them.
When a maid saw him seated in the light, 
she looked intently at him and said,
"This man too was with him."
But he denied it saying,
"Woman, I do not know him."
A short while later someone else saw him and said, 
"You too are one of them"; 
but Peter answered, "My friend, I am not."
About an hour later, still another insisted, 
"Assuredly, this man too was with him,
for he also is a Galilean."
But Peter said,
"My friend, I do not know what you are talking about."
Just as he was saying this, the cock crowed,
and the Lord turned and looked at Peter; 
and Peter remembered the word of the Lord,
how he had said to him,
"Before the cock crows today, you will deny me three times."
He went out and began to weep bitterly.
The men who held Jesus in custody were ridiculing and beating him.
They blindfolded him and questioned him, saying, 
"Prophesy!  Who is it that struck you?"
And they reviled him in saying many other things against him.

When day came the council of elders of the people met, 
both chief priests and scribes, 
and they brought him before their Sanhedrin.
They said, "If you are the Christ, tell us, " 
but he replied to them, "If I tell you, you will not believe, 
and if I question, you will not respond.
But from this time on the Son of Man will be seated 
at the right hand of the power of God."
They all asked, "Are you then the Son of God?"
He replied to them, "You say that I am."
Then they said, "What further need have we for testimony?
We have heard it from his own mouth."

Then the whole assembly of them arose and brought him before Pilate.
They brought charges against him, saying, 
"We found this man misleading our people; 
he opposes the payment of taxes to Caesar 
and maintains that he is the Christ, a king."
Pilate asked him, "Are you the king of the Jews?"
He said to him in reply, "You say so."
Pilate then addressed the chief priests and the crowds, 
"I find this man not guilty."
But they were adamant and said, 
"He is inciting the people with his teaching throughout all Judea,
from Galilee where he began even to here."

On hearing this Pilate asked if the man was a Galilean; 
and upon learning that he was under Herod's jurisdiction,
he sent him to Herod who was in Jerusalem at that time.
Herod was very glad to see Jesus; 
he had been wanting to see him for a long time,
for he had heard about him 
and had been hoping to see him perform some sign.
He questioned him at length,
but he gave him no answer.
The chief priests and scribes, meanwhile,
stood by accusing him harshly.
Herod and his soldiers treated him contemptuously and mocked him,
and after clothing him in resplendent garb, 
he sent him back to Pilate.
Herod and Pilate became friends that very day, 
even though they had been enemies formerly.
Pilate then summoned the chief priests, the rulers, and the people 
and said to them, "You brought this man to me
and accused him of inciting the people to revolt.
I have conducted my investigation in your presence 
and have not found this man guilty 
of the charges you have brought against him, 
nor did Herod, for he sent him back to us.
So no capital crime has been committed by him.
Therefore I shall have him flogged and then release him."

But all together they shouted out, 
"Away with this man!
Release Barabbas to us."
— Now Barabbas had been imprisoned for a rebellion 
that had taken place in the city and for murder. —
Again Pilate addressed them, still wishing to release Jesus,
but they continued their shouting,
"Crucify him!  Crucify him!"
Pilate addressed them a third time,
"What evil has this man done?
I found him guilty of no capital crime.
Therefore I shall have him flogged and then release him."
With loud shouts, however,
they persisted in calling for his crucifixion,
and their voices prevailed.
The verdict of Pilate was that their demand should be granted.
So he released the man who had been imprisoned
for rebellion and murder, for whom they asked,
and he handed Jesus over to them to deal with as they wished.

As they led him away
they took hold of a certain Simon, a Cyrenian, 
who was coming in from the country; 
and after laying the cross on him, 
they made him carry it behind Jesus.
A large crowd of people followed Jesus, 
including many women who mourned and lamented him.
Jesus turned to them and said, 
"Daughters of Jerusalem, do not weep for me; 
weep instead for yourselves and for your children 
for indeed, the days are coming when people will say, 
'Blessed are the barren,
the wombs that never bore
and the breasts that never nursed.'
At that time people will say to the mountains,
'Fall upon us!'
and to the hills, 'Cover us!'
for if these things are done when the wood is green 
what will happen when it is dry?"
Now two others, both criminals,
were led away with him to be executed.

When they came to the place called the Skull, 
they crucified him and the criminals there, 
one on his right, the other on his left.
Then Jesus said,
"Father, forgive them, they know not what they do."
They divided his garments by casting lots.
The people stood by and watched; 
the rulers, meanwhile, sneered at him and said, 
"He saved others, let him save himself 
if he is the chosen one, the Christ of God."
Even the soldiers jeered at him.
As they approached to offer him wine they called out,
"If you are King of the Jews, save yourself."
Above him there was an inscription that read, 
"This is the King of the Jews."

Now one of the criminals hanging there reviled Jesus, saying,
"Are you not the Christ?
Save yourself and us."
The other, however, rebuking him, said in reply,
"Have you no fear of God,
for you are subject to the same condemnation?
And indeed, we have been condemned justly,
for the sentence we received corresponds to our crimes, 
but this man has done nothing criminal."
Then he said,
"Jesus, remember me when you come into your kingdom."
He replied to him,
"Amen, I say to you, 
today you will be with me in Paradise."

It was now about noon and darkness came over the whole land
until three in the afternoon
because of an eclipse of the sun.
Then the veil of the temple was torn down the middle.
Jesus cried out in a loud voice, 
"Father, into your hands I commend my spirit"; 
and when he had said this he breathed his last.

Here all kneel and pause for a short time.

The centurion who witnessed what had happened glorified God and said,
"This man was innocent beyond doubt."
When all the people who had gathered for this spectacle saw what had happened,
they returned home beating their breasts;
but all his acquaintances stood at a distance, 
including the women who had followed him from Galilee 
and saw these events.

Now there was a virtuous and righteous man named Joseph who,
though he was a member of the council, 
had not consented to their plan of action.
He came from the Jewish town of Arimathea 
and was awaiting the kingdom of God.
He went to Pilate and asked for the body of Jesus.
After he had taken the body down, 
he wrapped it in a linen cloth
and laid him in a rock-hewn tomb
in which no one had yet been buried.
It was the day of preparation,
and the sabbath was about to begin.
The women who had come from Galilee with him followed behind, 
and when they had seen the tomb 
and the way in which his body was laid in it, 
they returned and prepared spices and perfumed oils.
Then they rested on the sabbath according to the commandment.

OrLK 23:1-49

The elders of the people, chief priests and scribes,
arose and brought Jesus before Pilate.
They brought charges against him, saying,
"We found this man misleading our people; 
he opposes the payment of taxes to Caesar 
and maintains that he is the Christ, a king."
Pilate asked him, "Are you the king of the Jews?"
He said to him in reply, "You say so."
Pilate then addressed the chief priests and the crowds, 
"I find this man not guilty."
But they were adamant and said, 
"He is inciting the people with his teaching throughout all Judea,
from Galilee where he began even to here."

On hearing this Pilate asked if the man was a Galilean; 
and upon learning that he was under Herod's jurisdiction,
he sent him to Herod who was in Jerusalem at that time.
Herod was very glad to see Jesus; 
he had been wanting to see him for a long time,
for he had heard about him 
and had been hoping to see him perform some sign.
He questioned him at length,
but he gave him no answer.
The chief priests and scribes, meanwhile,
stood by accusing him harshly.
Herod and his soldiers treated him contemptuously and mocked him,
and after clothing him in resplendent garb, 
he sent him back to Pilate.
Herod and Pilate became friends that very day, 
even though they had been enemies formerly.
Pilate then summoned the chief priests, the rulers, and the people 
and said to them, "You brought this man to me
and accused him of inciting the people to revolt.
I have conducted my investigation in your presence 
and have not found this man guilty 
of the charges you have brought against him, 
nor did Herod, for he sent him back to us.
So no capital crime has been committed by him.
Therefore I shall have him flogged and then release him."

But all together they shouted out, 
"Away with this man!
Release Barabbas to us."
— Now Barabbas had been imprisoned for a rebellion 
that had taken place in the city and for murder. —
Again Pilate addressed them, still wishing to release Jesus,
but they continued their shouting,
"Crucify him!  Crucify him!"
Pilate addressed them a third time,
"What evil has this man done?
I found him guilty of no capital crime.
Therefore I shall have him flogged and then release him."
With loud shouts, however,
they persisted in calling for his crucifixion,
and their voices prevailed.
The verdict of Pilate was that their demand should be granted.
So he released the man who had been imprisoned
for rebellion and murder, for whom they asked,
and he handed Jesus over to them to deal with as they wished.

As they led him away
they took hold of a certain Simon, a Cyrenian, 
who was coming in from the country; 
and after laying the cross on him, 
they made him carry it behind Jesus.
A large crowd of people followed Jesus, 
including many women who mourned and lamented him.
Jesus turned to them and said, 
"Daughters of Jerusalem, do not weep for me;
weep instead for yourselves and for your children 
for indeed, the days are coming when people will say, 
'Blessed are the barren,
the wombs that never bore
and the breasts that never nursed.'
At that time people will say to the mountains,
'Fall upon us!'
and to the hills, 'Cover us!'
for if these things are done when the wood is green 
what will happen when it is dry?"
Now two others, both criminals,
were led away with him to be executed.

When they came to the place called the Skull, 
they crucified him and the criminals there, 
one on his right, the other on his left.
Then Jesus said,
"Father, forgive them, they know not what they do."
They divided his garments by casting lots.
The people stood by and watched; 
the rulers, meanwhile, sneered at him and said, 
"He saved others, let him save himself 
if he is the chosen one, the Christ of God."
Even the soldiers jeered at him.
As they approached to offer him wine they called out,
"If you are King of the Jews, save yourself."
Above him there was an inscription that read, 
"This is the King of the Jews."

Now one of the criminals hanging there reviled Jesus, saying,
"Are you not the Christ?
Save yourself and us."
The other, however, rebuking him, said in reply,
"Have you no fear of God,
for you are subject to the same condemnation?
And indeed, we have been condemned justly,
for the sentence we received corresponds to our crimes, 
but this man has done nothing criminal."
Then he said,
"Jesus, remember me when you come into your kingdom."
He replied to him,
"Amen, I say to you, 
today you will be with me in Paradise."

It was now about noon and darkness came over the whole land
until three in the afternoon
because of an eclipse of the sun.
Then the veil of the temple was torn down the middle.
Jesus cried out in a loud voice,
"Father, into your hands I commend my spirit"; 
and when he had said this he breathed his last.

Here all kneel and pause for a short time.

The centurion who witnessed what had happened glorified God and said,
"This man was innocent beyond doubt."
When all the people who had gathered for this spectacle
saw what had happened,
they returned home beating their breasts;
but all his acquaintances stood at a distance, 
including the women who had followed him from Galilee 
and saw these events.
Apr 7, 2019

V Domingo de Cuaresma

Primera lectura 

Is 43, 16-21
Esto dice el Señor, que abrió un camino en el mar
y un sendero en las aguas impetuosas,
el que hizo salir a la batalla
a un formidable ejército de carros y caballos,
que cayeron y no se levantaron,
y se apagaron como una mecha que se extingue:

“No recuerden lo pasado ni piensen en lo antiguo;
yo voy a realizar algo nuevo.
Ya está brotando. ¿No lo notan?
Voy a abrir caminos en el desierto
y haré que corran los ríos en la tierra árida.
Me darán gloria las bestias salvajes,
los chacales y las avestruces,
porque haré correr agua en el desierto,
y ríos en el yermo,
para apagar la sed de mi pueblo escogido.
Entonces el pueblo que me he formado
proclamará mis alabanzas”.


Salmo Responsorial

Salmo 125, 1-2ab. 2cd-3. 4-5. 6
R. (3) Grandes cosas ha hecho por nosotros, Señor.
Cuando el Señor nos hizo volver del cautiverio
creíamos soñar:
entonces no cesaba de reír nuestra boca
ni se cansaba entonces la lengua de cantar.  
R. Grandes cosas ha hecho por nosotros, Señor.
Aun los mismos paganos con asombro decían:
“¡Grandes cosas has hecho por ellos el Señor!”
Y estábamos alegres,
pues ha hecho grandes cosas por su pueblo el Señor.  
R. Grandes cosas ha hecho por nosotros, Señor.
Como cambian los ríos la suerte del desierto,
cambia también ahora nuestra suerte, Señor,
y entre gritos de júbilo
cosecharán aquellos que siembran con dolor.
R. Grandes cosas ha hecho por nosotros, Señor.
Al ir, iban llorando, cargando la semilla;
al regresar, cantando vendrán con sus gavillas.  
R. Grandes cosas ha hecho por nosotros, Señor.


Segunda Lectura

Fil 3, 8-14
Hermanos: Todo lo que era valioso para mí, lo consideré sin valor a causa de Cristo. Más aún pienso que nada vale la pena en comparación con el bien supremo, que consiste en conocer a Cristo Jesús, mi Señor, por cuyo amor he renunciado a todo, y todo lo considero como basura, con tal de ganar a Cristo y de estar unido a él, no porque haya obtenido la justificación que proviene de la ley, sino la que procede de la fe en Cristo Jesús, con la que Dios hace justos a los que creen.

Y todo esto, para conocer a Cristo, experimentar la fuerza de su resurrección, compartir sus sufrimientos y asemejarme a él en su muerte, con la esperanza de resucitar con él de entre los muertos.

No quiero decir que haya logrado ya ese ideal o que sea ya perfecto, pero me esfuerzo en conquistarlo, porque Cristo Jesús me ha conquistado. No, hermanos, considero que todavía no lo he logrado. Pero eso sí, olvido lo que he dejado atrás, y me lanzo hacia adelante, en busca de la meta y del trofeo al que Dios, por medio de Cristo Jesús, nos llama desde el cielo.


Aclamación antes del Evangelio

Joel 2, 12-13
R. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.
Todavía es tiempo, dice el Señor.
Arrepiéntanse de todo corazón y vuélvanse a mí,
que soy compasivo y misericordioso.
R. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.


Evangelio

Jn 8, 1-11
En aquel tiempo, Jesús se retiró al monte de los Olivos y al amanecer se presentó de nuevo en el templo, donde la multitud se le acercaba; y él, sentado entre ellos, les enseñaba.

Entonces los escribas y fariseos le llevaron a una mujer sorprendida en adulterio, y poniéndola frente a él, le dijeron: “Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. Moisés nos manda en la ley apedrear a estas mujeres. ¿Tú que dices?”

Le preguntaban esto para ponerle una trampa y poder acusarlo. Pero Jesús se agachó y se puso a escribir en el suelo con el dedo. Como insistían en su pregunta, se incorporó y les dijo: “Aquel de ustedes que no tenga pecado, que le tire la primera piedra”. Se volvió a agachar y siguió escribiendo en el suelo.

Al oír aquellas palabras, los acusadores comenzaron a escabullirse uno tras otro, empezando por los más viejos, hasta que dejaron solos a Jesús y a la mujer, que estaba de pie, junto a él.

Entonces Jesús se enderezó y le preguntó: “Mujer, ¿dónde están los que te acusaban? ¿Nadie te ha condenado?” Ella le contestó: “Nadie, Señor”. Y Jesús le dijo: “Tampoco yo te condeno. Vete y ya no vuelvas a pecar”.
Apr 7, 2019

Fifth Sunday of Lent – Year C Readings

Reading 1IS 43:16-21

Thus says the LORD,
who opens a way in the sea
and a path in the mighty waters,
who leads out chariots and horsemen,
a powerful army,
till they lie prostrate together, never to rise,
snuffed out and quenched like a wick.
Remember not the events of the past,
the things of long ago consider not;
see, I am doing something new!
Now it springs forth, do you not perceive it?
In the desert I make a way,
in the wasteland, rivers.
Wild beasts honor me,
jackals and ostriches,
for I put water in the desert
and rivers in the wasteland
for my chosen people to drink,
the people whom I formed for myself,
that they might announce my praise.

Responsorial PsalmPS 126:1-2, 2-3, 4-5, 6.

R. (3)  The Lord has done great things for us; we are filled with joy.
When the LORD brought back the captives of Zion,
we were like men dreaming.
Then our mouth was filled with laughter,
and our tongue with rejoicing.
R. The Lord has done great things for us; we are filled with joy.
Then they said among the nations,
“The LORD has done great things for them.”
The LORD has done great things for us;
we are glad indeed.
R. The Lord has done great things for us; we are filled with joy.
Restore our fortunes, O LORD,
like the torrents in the southern desert.
Those that sow in tears
shall reap rejoicing.
R. The Lord has done great things for us; we are filled with joy.
Although they go forth weeping,
carrying the seed to be sown,
They shall come back rejoicing,
carrying their sheaves.
R. The Lord has done great things for us; we are filled with joy.

Reading 2PHIL 3:8-14

Brothers and sisters:
I consider everything as a loss 
because of the supreme good of knowing Christ Jesus my Lord.
For his sake I have accepted the loss of all things 
and I consider them so much rubbish, 
that I may gain Christ and be found in him, 
not having any righteousness of my own based on the law 
but that which comes through faith in Christ, 
the righteousness from God, 
depending on faith to know him and the power of his resurrection 
and the sharing of his sufferings by being conformed to his death, 
if somehow I may attain the resurrection from the dead.

It is not that I have already taken hold of it 
or have already attained perfect maturity, 
but I continue my pursuit in hope that I may possess it, 
since I have indeed been taken possession of by Christ Jesus.
Brothers and sisters, I for my part 
do not consider myself to have taken possession.
Just one thing: forgetting what lies behind 
but straining forward to what lies ahead, 
I continue my pursuit toward the goal, 
the prize of God’s upward calling, in Christ Jesus.

Verse Before The GospelJL 2:12-13

Even now, says the Lord,
return to me with your whole heart;
for I am gracious and merciful.

GospelJN 8:1-11

Jesus went to the Mount of Olives.
But early in the morning he arrived again in the temple area, 
and all the people started coming to him, 
and he sat down and taught them.
Then the scribes and the Pharisees brought a woman 
who had been caught in adultery 
and made her stand in the middle.
They said to him,
“Teacher, this woman was caught 
in the very act of committing adultery.
Now in the law, Moses commanded us to stone such women.
So what do you say?”
They said this to test him,
so that they could have some charge to bring against him.
Jesus bent down and began to write on the ground with his finger.
But when they continued asking him,
he straightened up and said to them,
“Let the one among you who is without sin 
be the first to throw a stone at her.”
Again he bent down and wrote on the ground.
And in response, they went away one by one,
beginning with the elders.
So he was left alone with the woman before him.
Then Jesus straightened up and said to her,
“Woman, where are they?
Has no one condemned you?”
She replied, “No one, sir.”
Then Jesus said, “Neither do I condemn you.
Go, and from now on do not sin any more.”
Apr 2, 2019

Fourth Sunday of Lent – Year C Readings

Reading 1JOS 5:9A, 10-12

The LORD said to Joshua, 
“Today I have removed the reproach of Egypt from you.”

While the Israelites were encamped at Gilgal on the plains of Jericho, 
they celebrated the Passover
on the evening of the fourteenth of the month.
On the day after the Passover,
they ate of the produce of the land 
in the form of unleavened cakes and parched grain.
On that same day after the Passover, 
on which they ate of the produce of the land, the manna ceased.
No longer was there manna for the Israelites, 
who that year ate of the yield of the land of Canaan.

Responsorial PsalmPS 34:2-3, 4-5, 6-7.

R. (9a)  Taste and see the goodness of the Lord.
I will bless the LORD at all times;
his praise shall be ever in my mouth.
Let my soul glory in the LORD;
the lowly will hear me and be glad.
R. Taste and see the goodness of the Lord.
Glorify the LORD with me,
let us together extol his name.
I sought the LORD, and he answered me
and delivered me from all my fears.
R. Taste and see the goodness of the Lord.
Look to him that you may be radiant with joy,
and your faces may not blush with shame.
When the poor one called out, the LORD heard,
 and from all his distress he saved him.
R. Taste and see the goodness of the Lord.

Reading 22 COR 5:17-21

Brothers and sisters:
Whoever is in Christ is a new creation:
the old things have passed away;
behold, new things have come.
And all this is from God,
who has reconciled us to himself through Christ 
and given us the ministry of reconciliation, 
namely, God was reconciling the world to himself in Christ, 
not counting their trespasses against them 
and entrusting to us the message of reconciliation.
So we are ambassadors for Christ,
as if God were appealing through us.
We implore you on behalf of Christ,
be reconciled to God.
For our sake he made him to be sin who did not know sin,
so that we might become the righteousness of God in him.

Verse Before The GospelLK 15:18

I will get up and go to my Father and shall say to him:
Father, I have sinned against heaven and against you.

GospelLK 15:1-3, 11-32

Tax collectors and sinners were all drawing near to listen to Jesus,
but the Pharisees and scribes began to complain, saying,
“This man welcomes sinners and eats with them.”
So to them Jesus addressed this parable:
“A man had two sons, and the younger son said to his father,
‘Father give me the share of your estate that should come to me.’
 
So the father divided the property between them.
After a few days, the younger son collected all his belongings
and set off to a distant country
where he squandered his inheritance on a life of dissipation.
When he had freely spent everything,
a severe famine struck that country,
and he found himself in dire need.
So he hired himself out to one of the local citizens
who sent him to his farm to tend the swine.
And he longed to eat his fill of the pods on which the swine fed,
but nobody gave him any.
Coming to his senses he thought,
‘How many of my father’s hired workers
have more than enough food to eat,
but here am I, dying from hunger.
I shall get up and go to my father and I shall say to him,
“Father, I have sinned against heaven and against you.
I no longer deserve to be called your son;
treat me as you would treat one of your hired workers.”’
So he got up and went back to his father.
While he was still a long way off,
his father caught sight of him, and was filled with compassion.
He ran to his son, embraced him and kissed him.
His son said to him,
‘Father, I have sinned against heaven and against you;
I no longer deserve to be called your son.’
But his father ordered his servants,
‘Quickly bring the finest robe and put it on him;
put a ring on his finger and sandals on his feet.
Take the fattened calf and slaughter it.
Then let us celebrate with a feast,
because this son of mine was dead, and has come to life again;
he was lost, and has been found.’
Then the celebration began.
Now the older son had been out in the field
and, on his way back, as he neared the house,
he heard the sound of music and dancing.
He called one of the servants and asked what this might mean.
The servant said to him,
‘Your brother has returned
and your father has slaughtered the fattened calf
because he has him back safe and sound.’
He became angry,
and when he refused to enter the house,
his father came out and pleaded with him.
He said to his father in reply,
‘Look, all these years I served you
and not once did I disobey your orders;
yet you never gave me even a young goat to feast on with my friends.
But when your son returns
who swallowed up your property with prostitutes,
for him you slaughter the fattened calf.’
He said to him,
‘My son, you are here with me always;
everything I have is yours.
But now we must celebrate and rejoice,
because your brother was dead and has come to life again;
he was lost and has been found.’”

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